25.4.08

Cuánto humor...

Escribiendo a Francisca, mi "abuela adoptiva", he confirmado una vez más que tengo una pequeña "teoría moral" del humor. Quizá debería intentar desembarazarme de ella igual que de las moralizaciones sobre el amor de las que hablaba el otro día, pero el caso es que la tengo firmemente instalada en la cabeza.

Más que una teoría es un axioma (indemostrable e irreductible): el humor "bueno" no es reírse del dolor del débil, a no ser que el débil sea uno mismo o que el tono, en el caso de la ficción, no sea muy realista. 

Sé que hay mucha gente a la que le parece lo normal, incluso la pura esencia del humor, reírse de los demás. Gente que en cuestiones de risa se permite ser un poco hijo de puta (ese insulto tan machista y tan español). Pero a mí (y creo que a todos nos pasa) no me hace gracia cualquier burla, y algunas me dejan muy mal cuerpo, sobre todo cuando vienen de alguien preparado para acusarte de no tener sentido del humor en cuanto pones una pega moral a sus chistes.


Yo, como todos, he sido la perdedora o la débil en miles de situaciones, igual que he sido la ganadora o la fuerte en otras tantas, y ni sé ni quiero ahorrarme el dolor de la empatía con la parte perdedora, que siempre parece más cercana. Un personaje de ficción que es sistemáticamente humillado o uno del que no se puede admirar nada (por ejemplo el jefe de The Office, o Larry David en Curve your enthusiasm...) o me parece demasiado alejado de mi vida o me parece directamente trágico y lamentable, de todo menos gracioso.

Creo que casi todos los teóricos del humor están de acuerdo -y me lo creo al cien por cien- en que la comedia es verdad y dolor. Y además, particularmente a mí lo que más me hace reír es el humor que acomete lo más doloroso, peligroso o sagrado de mi vida (la muerte, el sinsentido, la vergüenza, la cabezonería, el error...), que habla del dolor más real... pero desde la ficción. Si la ficción se ríe del dolor en un tono demasiado realista o sobrio, se me convierte en drama, y en el tipo de drama del que menos disfruto, porque no es catarsis ni comprensión, sino distancia, un lavarse las manos ante el dolor, una rendición, un echar la culpa a la vida o al mundo de que el ser humano sufre. Y no, el ser humano sufre porque no aprende o porque algo es injusto, no porque "la vida es así".

Me gusta cuando un autor se ríe de sí mismo o de un personaje con mucho de sí mismo, como Woody Allen en casi cualquiera de sus películas. Ahí me río a gusto porque puedo solidarizarme, no se trata de hacer leña del árbol caído sino de resurgir con él. El autor se convierte en centro de la burla, pero yo no me río de él. Al contrario, me río admirándole, para mí se hace fuerte y se convierte en un ganador. Eso tiñe toda la obra -el libro, la película o lo que sea- y hace que me pueda reír también de los demás personajes.

También me encanta, y me parece aún más meritorio, reírse de alguien con ternura. La ternura es lo más parecido al amor en ficción. En este caso creo que también suele pasar que aquél de quien te ríes se está riendo de sí mismo o bien se parece en algo a ti, con lo que tú como espectador te ríes de ti otra vez, y no de él. El ejemplo más claro que se me ocurre es Chaplin en Tiempos Modernos.

También puedo reírme de alguien cruelmente porque es "el enemigo", porque estamos haciendo una crítica. Ese humor ya entra de lleno en la moral, y sólo nos hará gracia si creemos que la persona o la idea parodiada merece que se rían de ella. Es un humor menos universal pero que funciona conmigo cuando se ríen de lo que yo critico, ¡claro! No creo que a los nazis les hiciera gracia El gran dictador. Además, la crítica sólo me hace gracia si lo que se ridiculiza es algo que me creo con derecho a criticar. Es más gracioso que Hitler se crea el amo del mundo que que sea bajito, porque de eso no tenía él la culpa.

Y todo lo que no tiene un tono realista, todo lo que es muy exagerado y absurdo, puede hacerme gracia aunque pueda parecer cruel. Me refiero a cuando es difícil identificar al débil, cuando se trata de generalizaciones universales, o simplemente de personajes y situaciones tan desquiciados que es imposible hacer elecciones morales, ni juicios... Y aquí están mis preferidos universales, los Monty Python.

5 comentarios:

Franziska dijo...

He creído siempre en el placer de la risa compartida. En mi opinión es a partir de una situación que, de ningún modo, sea trágica.

Con mi risa suelo tener problemas en el cine. Lo que más admiro es anticipar la escena que vendrá y la disfruto de tal manera que empiezo a reirme antes que todo el mundo y cuando se rien los demás, a mi, generalmente, ya se me ha pasado. Una de las mejores escenas de risa que recuerdo, fue en una película italiana. Una señora aaficionada a tocar el violín se reunía con sus amigas, en el cuarto de estar de su casa. El marido ´había camuflado un transistor que escondía debajo de un cogín, situado a la altura de su oído. Cuando comienzan a transmitir un gol, justo en ese momento, las cuatro señoras entran en una parte energica de la melodía y él no puede escuchar lo que sucede en el campo. ¡La expresión de la cara fue increíble! Ponía en evidencia su futura venganza. Ni que decir tiene que fue el comienzo de mi carcajada sostenida hasta que él culmina la acción, al día siguiente, arrojando el violín por la ventana, no paraba de reírme: lloraba de risa y no tenía manera de callar aquellas carcajas incontroladas. No puedo recordar quién era el actor, ni tengo la menor idea del argumento pero aquella escena anticipada, nunca la podré olvidar.

El cine produjo cómicos geniales. Sólo verlos en escena ya provocaban, cuando menos, una sonrisa. Aldo Fabrici, Totó y muchos españoles. Estas referencias han desaparecido. Creo que ya no se rueda cine para hacer reír y es una pena porque es una cosa muy buena.

Todos estos tontos comentarios, los ha provo cado tu inteligente artículo. Muy bueno.

Un abrazo.

Laura dijo...

La verdad es que en teoría suscribiría todo lo que has dicho en este post. Pero ya en la práctica voy a tener que llevarte un poco la contraria, pero es que haciendo esas menciones ¿qué esperabas? eh, eh?

¿Woody Allen se ríe más de sí mismo que Larry David? Si hablamos de moral ¿no es mucho más inmoral el eterno personaje de Woody Allen egomaníaco, infiel, con ínfulas de genio y depresivo que Larry David que simplemente carece de habilidades sociales?.Larry David (en Curb yr...) es fiel a su mujer, es bueno con sus amigos (hasta plantearse donarle a uno un riñón) cree que su situación económica y éxito televisivo son fruto simplemente del azar y que cualquier día se perdará, es bueno con sus padres y sus suegros, está lleno de buenísimas intenciones, sólo que no para de meter la pata... Para mí es absolutamente entrañable,joer, soy yo!! Así que imagínate si no me resulta catártico disfrutar por fin de un humor que desentraña todas esas horribles casualidades inocentes que te dejan quedar como un hijoputa, o un racista, o un machista... ante la sociedad cuando tú sólo querías ir a por pan.
Y sobre The Office, hablando sobre todo de la inglesa, creo que, tal vez al ser inglesa, sí puede ser más durilla de soportar para los que no disfrutan mucho del humor negro, digamos. Pero creo que el problema no está en que el personaje no sea admirable o al menos respetable, porque en realidad, en la serie, al menos viéndola entera, se le representa como a alguien insoportable, el típico plasta que cae mal y que además no hay manera de que se dé cuenta, pero se le quiere. En realidad, es una lección moral (lo digo yo que soy de lo más moralista que te puedas echar en cara colega, sino al lorito con la interpretación...) El jefe de the office es esa persona que todos hemos conocido y que la mayoría hemos despreciado y que adquiere diferentes formatos: primo plasta, compañero panoli, jefe de estudios del centro en el que trabajas (ups!) Pero en The office, después de todo le quieres y no sólo le quieres, le aceptas y le respetas, porque el personaje de Jim, que es el que está hecho para que el público se identifique con él, lo hace. Así que en realidad es de nuevo algo catártico y corrector: la ficción nos obliga a aceptar, a divertirnos y a querer al personaje plasta que en la vida real no soportamos.
Lo reconozco, yo no respeto tanto a mi jefe como al de the office.

Bueno, en esto no coincidimos, pero seguro que tú también odias a Andrés Pajares y ahora que está hecho un asco, podemos quedar para partirle la cara por chistoso hijoputa cuando quieras, yea.

Raquel Márquez dijo...

Franziska, como siempre, tus comentarios no son nada tontos, y me quedo con las ganas de ver esa película de la que hablas, si averiguas cuál es dímela!

Y a Laura le he dedicado una entrada kilométrica de respuesta, uff.

:)

Miguel B. Núñez dijo...

Laura, Woody Allen aporta algo que no existe ni en el jefe de Office ni en Larry David a mi entender... un autentico reconocimiento de tus defectos o meteduras de gamba. Todos somos humanos, débiles e impulsivos y reconocer eso me parece bueno y hasta gracioso. Eso hace que todo sea completamente diferente. Y eso hace, en mi opinión, que yo pueda reirme, porque en el fondo me estoy riendo con ellos, y me estoy riendo de mí mismo, de mis estupideces, de mis debilidades. Yo me puedo sentir como Michael Cane en Hanna y sus hermanas o como Woody Allen en Manhattan pero, sinceramente, nunca me sentiré como Larry David o como el jefe de Office.

Aunque yo no coincido mucho con el humor de los Python tampoco lo hago con el de Larry David.. para mí es el humor de un niño caprichoso y egoísta que siente que todos son hostiles porque eso le resulta mucho más cómodo. Es como si Búscate la vida hubiera sido realista.. el horror!

Respecto a las virtudes de Larry David de las que hablas. Ser fiel o amigo de tus amigos no me parece que te haga mejor persona. Su mujer en la serie no para de echarle en cara lo egoista que es... ¿es que ella no ve esas virtudes? y ser amigo de tus amigos es lo mínimo que se le pide a la amistad, no me parece admirable, si no amas a tus amigos simplemente no deberías tenerlos... sí me parecería admirable que fuera comprensivo con los que no son sus amigos, con toda esa gente a la que se encuentra y a la que trata tan humillantemente. La crueldad no me hace gracia. En Seinfeld al igual que en casi todas las películas de Woody Allen, al cosa acaba con una lección moral -que puede o no ser un castigo, no creo en dios y no creo en ninguna justicia extra terrenal- Y no comprendo muy bien eso que pensar que su éxito es fruto del azar le hace bueno.. a mí me parece es propio de un personaje cínico que no confía en los demás y no me resulta muy positivo. Su miedo a quedarse sin lo que tiene le hace desconfiar de su éxito. Es todo fruto de su extremada desconfianza en el género humano. Piensa que si alguien le rie la gracia será por una misteriosa casualidad, nunca creerá que esa gente pueda apreciarle.

Eso sí, Pajares apesta.

Lo que me gusta de esta entrada es que nos has enfrentado a nuestra visión moral o ética -corregidme los que utilizáis el lenguaje mejor que yo- Las cosas que nos hacen gracia o no tienen mucho que ver con nuestras ideas de la vida. El humor es terapéutico.. diría más... es por eso por lo que existe.

Raquel Márquez dijo...

Ha quedado claro que o bien nos entendemos, o bien nos comemos la cabeza mutuamente, porque hemos dicho más o menos lo mismo, sólo que yo me he enrollado cual persiana, jaja.