28.4.08

Cuánto comentario
(Como he escrito la Biblia en verso, contesto a Laura aquí en una entrada nueva. El comentario de ella al que respondo está en la entrada anterior)

Laura, lo menos que podías hacer era llevarme la contraria, porque puse justo dos ejemplos de los que hemos debatido y que dejan clarísimo que tenemos una visión muy diferente del tema. Sé que no vamos a llegar a una conclusión, pero creo que será divertido intentar explicarme más...

  • ”¿No es mucho más inmoral el eterno personaje de Woody Allen egomaníaco, infiel, con ínfulas de genio y depresivo que Larry David que simplemente carece de habilidades sociales?”
    No, para mí es más inmoral Larry David (su personaje), porque me da la sensación de que el humor que hace sobre sus defectos pretende justificarlos, y no analizarlos. No quiere ponerse en un tela de juicio y evolucionar a partir de ahí, lo que quiere es que la gente le acepte exactamente tal y como es. Y si no le aceptan, el problema no es de él, es de ellos. Que se aguanten. Woody Allen no queda como alguien perfecto en sus películas, pero para mí la ética no es ser perfecto, sino preguntarse “¿voy por buen camino?”, relativizar el propio ego y verlo en relación con los demás. Eso sí lo hace el personaje de Woody Allen, e incluso frecuentemente el resto de personajes le dan una lección y le hacen ver que está metiendo la pata. Cuando esto pasa, no se trata de una moraleja, sino de puro realismo: está claro que, en la vida, cuando uno actúa de forma egoísta se arriesga a que los que están muy cerca se sientan heridos y se rebelen.
    En cambio Larry David (el personaje, insisto) es lo contrario; no se relativiza, a mi modo de ver se justifica. No se plantea si hace bien o mal, si puede hacer las cosas mejor la siguiente vez, sino que él parte de que nació así y se adora a sí mismo tal y como es, inocente de todo, buena persona de nacimiento. El personaje se inmuniza contra la crítica, o eso intenta, cuando deja claro algo así: “Así soy yo, un simpático caradura que no sabe tratar con la gente, y si estás conmigo eso es lo que tendrás”. Eso para mí es el máximo de la egomanía y de la vaguería, porque en ese plan nunca tendrá motivos para mover un dedo y mejorar algo importante en su vida.
    Como no reflexiona sobre sus actos de una forma ética, no es que sea exactamente malo, sino que es como un animal, o como un niño grande, el mundo le ha hecho así. Para él sus actos son necesarios, ¡como los de un dios! “Y si alguien sufre ¿qué le vamos a hacer? Es inevitable, porque así soy yo, ¿no es gracioso?” Eso es lo que yo no puedo aguantar. Nadie tiene habilidades sociales (como ningún otro tipo de habilidad) sólo porque nace con ellas. Hay que desarrollarlas si es que te importa relacionarte con los demás de una forma más o menos justa, si es que te importan los demás.

  • Ser fiel a su mujer.
    Interesantísimo tema. Ser fiel puede ser el fruto de una reflexión ética muy respetable, pero no siempre. Que alguien sea fiel no le hace ya de por sí buena persona, en eso estoy segura que estamos de acuerdo. Si la otra persona quiere que seas fiel y a ti no te cuesta dominarte, simplemente actúas según lo que es más conveniente para ti. Si te cuesta dominarte y sin embargo lo haces, puede ser -no digo que siempre sea así, yo en líneas generales creo en la fidelidad- por un acuerdo más o menos explícito: a ti te gustaría que tu pareja no lo hiciera y te dominas para merecer que tu pareja no te haga daño en contraprestación. Eso no me parece inmoral en absoluto, pero tampoco te da “puntos de moralidad”.
    El personaje de Woody Allen cuando es infiel es porque está muy interesado en alguien que no es su pareja, no porque caiga ante el primer capricho. Se enamora, o cree enamorarse, y sigue sintiendo amor por su pareja. Ahí está el conflicto, y él nunca sale moralmente limpio de él, pero sí cambiado, habiendo aprendido algo. Larry David no es infiel, pero tampoco es muy sincero con su mujer, y en un capítulo en que ella se enfada con él, él, en vez de hablar, intenta solucionarlo regalándole una joya. Parecen respetarse lo mínimo para convivir, pero ¿amor? No sé, creo que la serie ni toca el tema.

  • “Es bueno con sus amigos (hasta plantearse donarle a uno un riñón)”
    ¿Eso te parece destacable? A mí casi no me parece ni bondad, me parece lo normal si es que estamos hablando de amistad. Yo, aunque no haya pensado nunca seriamente en ello, parto de la base de que mis amigos íntimos se lo plantearían por mí, igual que yo por ellos. Si un amigo se va a morir, y puedes salvarle con un riñón tuyo... Joder, si ni siquiera te planteas donárselo, entonces no es que no seas un amigo perfecto, es que quizá lo que tienes es sólo compañía o entretenimiento... Lo que es yo ¡no lo pienso llamar amistad!
  • “Cree que su situación económica y éxito televisivo son fruto simplemente del azar y que cualquier día se perderá”.
    Eso a mí tampoco me parece bueno. De hecho me parece otra negación de la ética. Si pienso que he triunfado por algo lógico, eso me lleva a relativizarme, a pensar en mí en relación a los demás, ¿qué ven en mí? Pero es menos problemático, más cómodo, despreciar al público. Por si acaso se meten conmigo, o por si me abandonan. Es mejor despreciarles por principio, así no me afectará. No sea que su opinión me haga plantearme mi forma de ser, o mi forma de enfocar mi trabajo. Ahora triunfo, sí, pero si fracaso pensaré no que quizá hay algo que puedo mejorar, sino que no tienen ni idea, así que mejor decir desde ya que tampoco tienen ni idea cuando me encumbran. Así quedo por encima de su opinión.
    La verdad es que nunca debo sentirme mal, porque no soy el único que apesta... Todo apesta, todo es casual, no hay justicia. Y para qué me voy a empeñar en ser buena persona si no hay justicia, si se premia a cualquier mierda, si mi triunfo es casualidad. Pues hala, a seguir como hasta ahora...

    Yo, Raquel, si triunfo (y triunfar puede ser ser buen carpintero, o buena profesora, como tú, no sólo ser famoso) espero que sea porque me lo merezco. Y espero saber mantenerlo y hacerme digna de ello, y no simplemente esperar a que continúe o a que se me acabe, con los brazos cruzados.
  • “Está lleno de buenísimas intenciones”.
    Ahí simplemente no sé de lo que hablas, necesitaría ejemplos, porque en los capítulos que he visto sus intenciones son cosas del día a día que no tienen nada que ver con la bondad ni con la maldad. Comprar cosas, pertenecer a clubs, salir del paso cuando alguien te pide algo que tú no quieres dar... Todo va de intentar conseguir cosas sin crearse obligaciones.
  • “Para mí es absolutamente entrañable,joer, soy yo!!”
    Coincido contigo en que lo que me recuerda a mí me parece entrañable (igual somos un poco egocéntricas en eso, fíjate). En temas de autopercepción es en lo que menos te puedo hacer cambiar de idea, pero vamos, ten claro que para mí no eres así ni de lejos, igual que me decías tú a mí en relación a Henry Miller, por ejemplo.
  • “Un humor que desentraña todas esas horribles casualidades inocentes que te dejan quedar como un hijoputa, o un racista, o un machista... ante la sociedad cuando tú sólo querías ir a por pan”.
    No me creo que te haya pasado eso, pero si fuera así, igual no sería casualidad, ¿no? Si la gente te ve de una manera, me parece el mínimo respeto hacia ellos plantearte si no tendrán parte de razón. Cuando la gente me ha dicho que tengo una visión demasiado moral del mundo (¡a la vista está!) o que soy quejica, “rebelde sin causa”, exagerada, insegura, o cualquier otra cosa, yo no he pensado que todo sean casualidades inocentes. Si fuera así no estaría escribiendo esto porque para mí sería un tema muerto e innecesario. Yo confío en entender a la gente y que me entiendan.
  • “ Alguien insoportable, el típico plasta que cae mal y que además no hay manera de que se dé cuenta, pero se le quiere”.
    No he conocido a nadie tan carente de cosas positivas. He conocido malas personas que tenían sentido del humor, plastas que luego podían ser tiernos con la debilidad ajena... Pero cuando en alguien me ha pesado más lo malo en la balanza no le he podido ni le he querido querer.

    Para mí los afectos no funcionan de forma tan diferente en la realidad de la ficción. Tú misma dices que “la ficción nos obliga a aceptar, a divertirnos y a querer al personaje plasta que en la vida real no soportamos. Lo reconozco, yo no respeto tanto a mi jefe como al de The Office”. Entonces, ¿cómo va a ser moral la serie, si no te ha mostrado nada que te sirva para mejorar en la vida real? Lo que yo interpreto es que la serie pretende precisamente reproducir la vida real de forma que no te apetezca cambiarla, sino aceptarla y encontrarle la gracia que no le encuentras en el día a día. Vamos, que la serie te ayuda a seguir despreciando a la gente a la que desprecias, y todos los personajes están contigo en despreciar al claramente despreciable. Que luego se sientan condescendientes y le aprecien es catártico pero no corrector, sino todo lo contrario. Es tranquilizador, justifica la injusticia. Porque que plastas y anormales así sean jefes no sólo no es muy común, sino que cuando pasa es injusto y evitable.

Uf, pero todo esto es sólo mi interpretación, ¡claro! ¿Qué decías de Pajares?

11 comentarios:

Laura dijo...

Vaya, yo que quería defender a mi querido Larry David y al final le ha caído hasta en el carné de identidad. Incluso he sacrificado a mi también queridísimo Woody Allen para ello, y es más, hasta sacrificaría a Seinfeild dicendo que es mucho más inmoral que Curb... Pero es que a lo mejor estoy defendiendo lo indefendible. Yo lo que tengo claro es que los encuentro a todos divertidísimos (woody allen y frasier incluídos) pero también he de reconocer que mucha gente mala me hace mucha gracia y me temo que Larry no es el peor.
Pero para dejar de llevar la contraria, que me da dolor de estómago, os dejo con un santo (de nuestra devoción)
http://es.youtube.com/watch?v=rkQv4I_z53w

mario dijo...

Caramba que interesante está esto…
Ahí voy.

Mi opinión sobre el humor es que resulta lo más liberador que me he encontrado en esta vida. Ni ideologías, ni fe, ni sexo… El humor o su expresión visceral: la risa. “Un orgasmo de la inteligencia” decía el doctor Delgado aunque yo prefiero decir un eructo de la misma. Lo explico: cuando algo se nos indigesta no hay nada tan liberador como un sonoro eructo para ayudar al proceso digestivo. Esa expulsión de gases sobrantes me parece muy relacionada con la risa: Habitamos un mundo extraño, un mundo en el que hemos desterrado la confortable tutela del instinto en aras de la eficaz razón. Ello nos fuerza a plantearnos como únicos numerosos procesos que de natural nos venían dados y a trazar consideraciones morales más o menos eficaces. Pero, a veces, topamos con enigmas más intrincados que el de la esfinge y nos caemos con todo el equipo: la muerte, el infinito, el dolor, yo qué sé… todo aquello por lo que no desearíamos pasar pero que está ahí, agazapado y aguardandonos. Y ahí creo que reside el autentico poder del humor: ayudarnos a atravesar las llamas, convertir el sufrimiento en gozo, reírnos hasta del mismo infierno.
Vale, un inciso: Recomiendo encarecidamente al respecto la lectura de La Caverna del Humorismo de Pio Baroja. Te lo puedo prestar.

Otra cosa: Respecto a lo de reírse de las desgracias ajenas opino que no es muy ético, vale pero como tantas cosas está ahí. Es primario, forma parte de nuestra naturaleza, lo cual no lo justifica pero es una pulsión tan humana como los cachiporrazos de los títeres, el gordo que resbala o el regador regado. Igual que sin autocontrol la mayor parte de los hombres pasaríamos la vida lanzándonos sobre cualquier hembra fértil (y no), también hay un impulso natural a reírse del débil. Una pulsión que al igual que la otra que cito haría muy difícil la civilización y por tanto que considero hacemos bien en regular.

P.D. No he visto la serie de Larry David, pero soy gran seguidor de Seinfeld y si no recuerdo mal en la última temporada acaban todos en prisión por malos. Algo de inmolación y de conciencia de culpa sí debe de haber.

Raquel Márquez dijo...

Jejejeje, mítico lo del eclipse de Eugenio, hacía mucho que no lo veía y me gusta mucho. Y Mario, mil gracias por tu aportación, creo que entiendo y suscribo casi todo lo que dices. Para debatir más en contra tú y yo habrá que irse a lo del tabaco, jaja.

En realidad, y ya acabo para no ponerme pesá, está claro que en el humor lo importante es reírse, y a menudo mientras no moralizamos mucho disfrutamos más. Todo esto que me he sacado de la manga es sólo una nota al margen que yo creo que tiene que ver con el motivo (humorístico, estético...) por el que a mí no me hacen gracia algunas ficciones de humor, pero por otro lado, y aunque suene contradictorio, yo estoy segurísima de que la ficción nunca es inmoral. Si Larry David se comporta exactamente así en su vida real y me topo con él, seguramente no me caería muy allá (creo que tampoco le odiaría, sólo es que no le encontraría interesante), pero que lo haga en la ficción me parece estupendo. Con la ficción se trata de entretener, y él proporciona buenos ratos a miles de personas, así que yo creo que se merece estar donde está, lo creo más que él mismo.

Prometo intentar decir algo gracioso en mi próxima entrada, porque vaya racha de tostonazos.

Bobo. dijo...

Yo sólo paso por aquí para posicionarme del lado de Laura. De hecho creo que amo a Larry David el creador. Vuestras argumentaciones (por cierto, cojonudas como siempre, ojalá otros tuviéramos tanta capacidad expositiva) al final tienen que ver con la supuesta inmoralidad del Larry David ficticio pero es que vaya, ¡de eso se trata! El tío es un hijo-de-puta y a la vez es un ser de lo más entrañable. Como todos, ¿no? Lo único que a él, por aquello de que nos riamos, le han puesto un altavoz a sus pensamientos y no se guarda para sí el cabreo de, por ejemplo, recibir una gamba de menos con el pedido al restaurante chino o de tener que sacarse un riñón para salvar a un amigo. Pero vaya, no creo que Larry David el personaje esté tan lejos de muchos de nosotros. Un caso distinto (no tanto) es el de The Office, otra grandísima serie. Aquí Ricky Gervais (en la versión americana se les va algo la mano) juega desde el principio con el patetismo de su personaje y puedo entender tu sensación de que no mola que nos riamos de esto. Pero joder, es un pesado, no hay quien lo aguante pero... ¡es un buen tío! De hecho me acaba cayendo mejor que Jim y Pam que de tan pluscuamperfectos acaban agobiando. Y esto es lo que cuenta la serie, Laura te cito: " Pero en The office, después de todo le quieres y no sólo le quieres, le aceptas y le respetas ... Así que en realidad es de nuevo algo catártico y corrector: la ficción nos obliga a aceptar, a divertirnos y a querer al personaje plasta que en la vida real no soportamos" Y añado, ¿o sí?.

Raquel Márquez dijo...

Guapuno!

Me alegro un montón de tu comentario, parece que así quedo un poquito menos facha, jaja, porque este rollo mío moralista no me acaba de gustar ni a mí. Así no digo tan absolutamente la última palabra (no escribo la última parrafada, vamos)...

Sigo sin entender que los actos de mal bicho sean entrañables, pero bueno, como siempre es un juicio de la vida real, no de la ficción. A mí por ejemplo no me parece entrañable Mr. Bean cuando hace putadas a su novia, sino cuando da besos a su osito, y cosas así. Vamos, que para eso soy simple-simple. Lo que me parece inofensivo me parece entrañable, pero lo atacante ¡me pone a la defensiva!

De todas formas, ahora que lo pienso, Mr. Bean me hace bastante gracia y está claro que es mala persona... No sé si es que me parece menos realista que Larry David o que The Office, pero en cualquier caso parece que puedo escapar de la "maldición", menos mal...

Nos vemos, hermosó!

Cigarra dijo...

Creo que el sentido del humor es el mejor indicativo de la inteligencia de una persona. Sobre todo en el modo en que lo aplique sobre sí misma y su propia vida. El que es capaz de reíse de sí mismo, tiene cabeza, está claro.
Luego está la "risa oficial" por así decir, esas cosas de las que nos reímos todos, o casi todos, y por eso los que hacen comedias saben lo que tienen que hacer en lineas generales para conseguir un éxito de taquilla. Lo que pasa es que ahí empezamos a disentir. Porque a mi, hay éxitos de taquilla que me dan ganas de vomitar, y otros, sencillamente pena o grima. Reconozco que Mr. Bean puede tener su gracia, pero es tan guarro (de marrano, de hacer porquerías, vamos) que la mayoría de las veces me da mas asco que risa. En cambio me gusta el humor negro, qué le vamos a hacer, como aquellas películas españolas de "La niña de luto", o "El verdugo", que en el fondo era una tragedia, pero tenía cada golpe...
Y hay una comedia americana de toda la vida que la podré ver mil veces, y las mil me reiré..."El mundo está loco, loco, loco..." O las genialidades de un mundo absurdo como el de "Amanece que no es poco".
Lo que está claro es que la risa es una de las actividades más saludables que podemos practicar.

Meteorismo galáctico dijo...

No tengo nada que comentar a este largo artículo, Raquel, pero quería decirte que estoy gratamente sorprendido de ver lo bien que escribes (tus comentaristas tampoco se quedan mancos). Es difícil encontrar blogs sin faltas de ortografía (seguro que yo pongo alguna que otra) y con una expresión tan correcta como la vuestra.

Pues eso, enhorabuena y a seguir escribiendo sobre lo que se tercie.

Meteorismo galáctico dijo...

Hola de nuevo, Raquel:

Aquí estoy para saciar tu curiosidad sobre cómo he encontrado tu blog. La cosa ha sido muy sencilla. Me pasé por el blog de Carlos García, cosa que hago con cierta asiduidad desde hace más de un año por motivos tan azarosos como el que me ha llevado hasta el tuyo. Pues bien, allí había escrito Carlos un artículo mencionando unos cuantos blogs que él visita, así que, como soy un cotilla, piqué sobre el enlace y llegué aquí.

Y esa es toda la historia. Algún día me colaré para meter baza en vuestros debates blogueros.

Hasta la vista.

moraliaminima dijo...

que post tan largo,me lo imprimo y lo leo de camino a casa, en el metro y así....por cierto, ya viste bien el buzón de tu casa???, el de las cartas no el emial jeje....

Franziska dijo...

Quería dejarte un comentario porqque acabo de hacer uno que ha desaparecido, a menos que lo dejes en pendiente de aprobación.

Resumo estoy de acuerdo contigo. Creo que no sólo en el humor sino también en la dramatización, se producen abusos porque es más fácil hacer llorar. Esto prueba, según yo, que la risa nos es muy necesaria para soportar todo lo que se tuerce, nos duele y nos sale mal. Creo, por tanto, como tú expresas de otro modo, que para hacer reír no es lícito cualquier recurso.

Si mi comentario anterior no entró, te has librado de un buen rollo.

Un abrazo para esa feliz pareja.

Raquel Márquez dijo...

Vaya, Franziska, es una pena, tu comentario ha debido de desaparecer en alguna parte del "hiperespacio", porque cuando comentáis en mi blog sale directamente publicado. Si no lo ves, no es porque yo no lo haya aprobado, sino que se ha perdido... :(

Pero hablando de parrafadas, ya tienes otra de las mías en forma de nueva entrada para pasarte dos o tres horas leyendo, jeje.

Abrazo para ti!