13.5.08

Estoy leyendo un libro de Knut Hamsun, un autor que llevaba tiempo queriendo conocer porque Henry Miller habla de él con mucha emoción en alguna parte, ya no recuerdo dónde... El libro de Hamsun se llama Trilogía del Vagabundo, y son tres novelas sobre el mismo personaje, un hombre instruido ya maduro que tuvo una posición desahogada en el pasado y que, tras un desengaño amoroso del que no se nos dan detalles, decidió vivir como un vagabundo. Esto de vagabundear, en Noruega y a finales del siglo XIX, no es necesariamente mendigar en la ciudad: lo que hace el vagabundo de Hamsun -que parece un personaje bastante autobiográfico- es ir por los bosques de granja en granja buscando cobijo y trabajo: arar la tierra, pintar casas, construir canalizaciones de agua... Y mientras tanto, se enamora "platónicamente" un par de veces -quizá alguna más, porque me queda la última historia- y se atormenta tratando de ser un perfecto servidor de sus amos sin dejar de ser él mismo.

Creo que si hasta hoy nunca había encontrado nada de él muy a la vista en las estanterías se debe a que fue un nazi convencido y se llegó a entrevistar con Hitler. Según la Wikipedia, "hoy día no hay en Noruega una sola calle o plaza con su nombre", y eso que le dieron el Nobel y que escritores como Thomas Mann o Maxim Gorki "lo homenajearon como a un maestro".

Lo que supongo que le interesó tanto a Henry Miller -aparte de una clara picardía sexual que aquí se resuelve con elipsis sutiles... ¡lástima!- es el individualismo brutal del personaje, que ha decidido por principio renunciar a casi todo. Sin necesidad de que el personaje teorice casi en ningún momento, todo el libro me parece una reflexión sobre la libertad y el trato con los demás muy interesante.

Al final de la segunda historia de la trilogía, Un vagabundo toca con sordina, el tono cambia por completo durante unas páginas y sí hace una reflexión general, tan general que si la hubiera leído hace siete u ocho años me hubiera resultado quizá demasiado simple. Ahora me suena a sabiduría de la buena, y también a muchas cosas que hemos hablado Miguel, Mario, Laura, David, Clàudia... en blogs y en persona. Hay momentos un poco crípticos, porque más que un solo argumento bien trabado son oleadas de intuición y de experiencia:

Un vagabundo toca con sordina cuando llega al medio siglo.

Entonces toca con sordina. Podría expresar este pensamiento de la manera siguiente: "Cuando se llega demasiado tarde en otoño al bosque en que crecen los frutos... ¡bueno!, se ha llegado demasiado tarde. Y si un día uno se halla en disposición de mostrarse satisfecho y de reventar de alegría ante la vida, no se lo censuréis. Por otra parte, está fuera de duda que se necesita cierto grado de inanidad cerebral para vivir en una satisfacción permanente de sí mismo y de todo. Pero todo el mundo ha tenido buenos momentos. El condenado a quien, sentado en la carreta que le lleva al patíbulo, molesta un clavo en el asiento, cambia de sitio y se encuentra mejor. Es absurdo que un capitán ruegue a Dios que le perdone... como él ha perdonado a Dios. Es pura majaradería. Un vagabundo no encuentra todos los días alimento y bebida, trajes, zapatos, techo y lumbre preparados para sus necesidades, y si le falta esa esplendidez, experimenta un sufrimiento exactamente igual a la privación. Si una cosa no marcha, otra se arregla. Pero si la otra tampoco se arregla, no se trata de perdonar a Dios, sino de aceptar la responsabilidad. Hay que arrimar el hombro al golpe de la desgracia; mejor dicho, el hombro ha de inclinarse a este golpe. Produce algún dolor en la carne y en la sangre, y encanece el cabello; pero un vagabundo no deja de dar las gracias a Dios por una vida que, después de todo, fue muy alegre".

He aquí como quisiera expresar este pensamiento. En realidad, ¿para qué tantas exigencias? ¿Qué se gana con ello? ¿Todas las cajas de bombones que un glotón puede desear? ¡Bueno! Pero ¿no habéis visto el mundo cada día y oído el murmullo del bosque? Daba su aroma el jazmín con un bosquecillo de lilas, y alguien que yo conozco se estremecía de placer, no sólo por el aroma del jazmín, sino por cualquier cosa; una ventana iluminada, un recuerdo, un pormenor de la vida. Pero cuando le apartaron del bosquecillo de lilas, ya se había cobrado por anticipado el precio de aquel disgusto.

Y así es: sólo el favor de recibir la vida paga por adelantado todas las miserias de la vida, todas y cada una. No hay razón para creer que uno tiene derecho a recibir más bombones que aquellos que recibe. Un vagabundo se aleja de toda superstición. ¿Qué es lo que pertenece a la vida? Todo. Pero ¿qué es realmente tuyo? ¿La celebridad es tuya? Dinos por qué. No debe uno aferrarse a lo suyo: es demasiado cómico, y un vagabundo se ríe de aquello que es demasiado cómico. Recuerdo a cierto individuo que no podía renunciar a lo suyo: puso leña en la chimenea a mediodía y no consiguió hacerla arder hasta la noche. Y no pudo decidirse a alejarse del calor para ir a acostarse, sino que continuó allí, empeñado en sacarle utilidad, hasta la hora en que los demás empezaron a levantarse. Era un autor noruego, un autor de obras teatrales.

He vagabundeado mucho en otro tiempo, y ahora me siento imbécil y desilusionado. Pero no tengo la perversa creencia senil de ser más sabio que antes. Y además, espero que nunca sabré nada. Es un signo de decrepitud. Cuando le doy gracias a Dios por la vida, no se las doy por la mayor madurez que haya alcanzado con la edad, sino porque siempre tuve la alegría de vivir. La edad no da madurez alguna; la edad no trae más que la vejez.

10 comentarios:

Nicolás Hymus dijo...

Sí, pero hay cosas con el nombre del colega por Noruega, tipo colegios, institutos y alguna estatua. Pero es que los noruegos no son de ponerle nombres de gente a las calles, les dejan nombres de árboles, frutos silvestres y enfermedades célebres.

mario dijo...

"sólo el favor de recibir la vida paga por adelantado todas las miserias de la vida, todas y cada una."

Joder, sincronicidad le llamo yo a que hayamos elegido el tema del vagabundeo para nuestra última entrada (palabrita del niño Jesús que escribí el mio sin leer el tuyo).

Parece un libro muy interesante y más para acompañar la etapa de austeridad que se avecina y que curiosamente cuanto más pienso en ellos más creo que me van a ayudar a disfrutar de lo básico, de lo elemental, de lo natural. ¡Y encima escrito por un nazi!

Cigarra dijo...

Como soy bastante vieja recuerdo una época en que a Knut Hamsum se le veía en todas las librerías y era relativamente frecuente. Supongo que la España franquista era uno de los últimos reductos donde un autor filonazi podía tener cancha. En mi casa, siendo yo muy pequeña, había dos obras suyas cuyos títulos me parecían contradictorios "Hambre" y "Pan", (yo no tenía ni idea de la existencia del dios griego Pan).
Me acuso de no haberlas leido entonces, y tras el desmantelamiento de la casa de mis padres, no se a dónde habrán ido a parar. Me propongo subsanar esa carencia, porque lo que transcribes apetece bastante.

Sobre tu comentario relativo al préstamo de pago en bibliotecas, prometo otro post aclaratorio, pero mientras tanto te incluyo algun enlace que comenta la jugada
(perdona que cite tanto mi blog, pero es que he colgado él muchas opiniones muy brillantes de otras personas)
http://www.escolar.net/MT/archives/2007/04/ojala_los_libro.html
http://cigarrales-cigarra.blogspot.com/2007/04/da-del-libro.html
http://cigarrales-cigarra.blogspot.com/2007/04/algunas-puntualizaciones.html
http://cigarrales-cigarra.blogspot.com/2007/03/lo-que-hay-detrs-de-tanto-canon.html
http://cigarrales-cigarra.blogspot.com/2007/03/mas-contra-el-canon.html

Miguel B. Núñez dijo...

todo me gusta pero lo que más, eso de que "la edad sólo trae vejez" y lo de que "Y además, espero que nunca sabré nada. Es un signo de decrepitud"

Me recuerda en parte a lo que puse de Hesse "del pensar yo no he aprendido nada"

Raquel Márquez dijo...

Justo, eso es una de las cosas a las que me recordó enseguida... Parece que todos los autores que me gustan llegan a conclusiones muy parecidas, no deja de sorprenderme... Quizá es porque la vida es menos compleja -y más valiosa- de lo que he pensado siempre...

Meteorismo galáctico dijo...

El nivel intelectual de este blog me abruma tanto que creo que mi aportación va a parecer un grano en la cara de Isabel Preysler pero, a pesar de ello, os deleitaré con mis sandeces.

Lo primero que tengo que hacer es reconocer mi más absoluta ignorancia en lo tocante al autor que mencionas, Raquel. Jamás había oído el nombre de Knut Hansum. Yo soy más proclive a leer novelas sencillas como las de Ken Follet (muy denostadas por los intelectuales de alto rango) o de otros autores de similares características literarias. Y, para que me conozcáis mejor, también diré que me gusta la telebasura. Soy un despojo social al que incluso le gusta comer hamburguesas en Burger King y McDonald’s. ¡Soy lo peor! Pero me gusta.

Dice Hansum en el fragmento que has transcrito para nuestro deleite: “no tengo la perversa creencia senil de ser más sabio que antes. Y además, espero que nunca sabré nada”.

Es una frase interesante, pero no estoy totalmente de acuerdo con ella. Yo creo que el reconocimiento de nuestra ignorancia es un rasgo inmenso de sabiduría. Particularmente creo que desconozco infinidad de cosas y que lo que sé, puesto en comparación con lo que ignoro, no vale un pimiento, pero también soy consciente de que hay muchísima gente que se cree muy lista y, realmente, me gana en estupidez e ignorancia por goleada (cada día lo compruebo al escuchar a muchos de nuestros políticos y periodistas).

En fin, pienso que la edad, además de vejez, también puede traer más sabiduría. Sabiduría en forma de reconocimiento de nuestra ignorancia y, por qué no, de información más o menos útil y siempre discutible, sobre infinidad de temas. Mientras uno no se crea en posesión de la verdad absoluta, mientras uno deje un hueco para la duda, no veo problema en llamar sabiduría a su reconocida ignorancia.

Y tras este discurso que acabo de soltar y ni si quiera yo comprendo, me despido hasta la próxima.

David dijo...

Gracias, a veces es necesario que te (me) recuerden de nuevo, como por sorpresa hacerme consciente, de la necesidad vital de la alegría de vivir.

besitos

Raquel Márquez dijo...

David, alégrate porque estás tó güeno...

¡Alegraos porque tenéis brazos y piernas, ojitos y boquita, y manitas para escribir en un teclado! ¡Alegraos porque el sol sale cada día, porque a veces llueve y otras hace sol! ¡Alegraos porque cuando acaba la temporada de fresas empieza la de las sandías! No esperéis más motivos para estar alegres. Estar alegres es lo importante, no es una condición para otra cosa ni una consecuencia de otra... ¡Es el centro, el principio y el fin de todo......! Por cierto, ¿me dejáis veinte euros? :D

Meteorismo, qué bien que vuelvas tan pronto y que digas esas cosas tan halagadoras, muchas gracias... Te diré que yo adoro a Stephen King, a Agatha Christie, a VC Andrews (la de Flores en el ático, sólo leí una de sus novelas pero disfruté mucho)... Ahora estoy esperando que alguien me regale el libro del humorista Luis Piedrahíta para hacerlo mi obra de cabecera... La frase "no todo lo que está encuadernado es un libro", que oí una vez por ahí, me parece de las gilipolleces más ridículas que se pueden decir. Un libro es lo que es, y punto. En cuanto al cine me flipan las pelis supuestamente bobas de adolescentes, como "American Pie" o la aún más chorra "Colega, ¿dónde está mi coche?"... Y ya de "telebasura", es que no sé ni por dónde empezar, porque ahí me llevo la palma, jaja... Me gusta Gran Hermano (gustar es poco, me encanta), me gustan las series intrascendentes de media horita con muchos chistes y que acaban bien... Es más, estos días tengo una prueba para ser guionista de un culebrón diario de mucho éxito, lo que para mí es una meta profesional como la copa de un pino de alta.

Ah, y soy fan del Big mac.

Conclusión: esos intelectuales de alto rango se pueden ir a la mierda, jaja, aquí somos todos del rango que mola.

Pero yendo al tema de tu opinión, a mí me encanta la frase de Hamsun de la vejez y la suscribo al cien por cien (al menos con mis ventitantos años, aunque sea poquita vejez para estar segura.....), porque yo creo que la experiencia sí enseña y hace madurar y trae sabiduría -y sólo cuando se ha puesto atención y se ha reflexionado con calma sobre ella- pero no la vejez. Hay gente muy viva que con treinta años pisa muy firme en su vida sentimental o en la profesional... porque ha pensado mucho y bien, o, más probable, porque se ha arriesgado a vivir muchas cosas, y ha sabido ponerse pocos obstáculos a sí misma... Y hay gente que con cincuenta o sesenta es muy estúpida porque se ha quedado en sus limitadas conclusiones de los treinta y las ha mezclado con el cinismo y la amargura de la edad, gente que no ha sabido resignarse con alegría a que el cuerpo les responda peor, a sentirse menos atractivos, a quedarse en segundo plano en la sociedad "activa"... Y en fin, viejos de espíritu de cualquier edad que se consuelan pensando que no son felices pero que tienen razón. Yo creo que todo el que tiene razón es feliz, así de simple. Porque lo razonable es estar en paz, y no vivir en el constante conflicto, en la competición con los demás, en la indignación....

En cuanto al "sólo sé que no sé nada" es un punto de partida genial (¡gracias, Asunción!, la profa que me explicó a Sócrates), y yo opino que hay que volver a él todo el rato sin que eso signifique rendirse intelectualmente, sino sólo mantener la perspectiva, poder relativizarse uno mismo y huir de esa sensación de verdad absoluta que tan pocos frutos da.

En fin, de todas formas si siempre aplicara bien estas cosas a mi vida después de pensarlas, me iría mejor. Lo difícil es la vida.

Pues esto es lo que pasa cuando me halagan, jajaja. ¡Un abrazo a todo el que haya conseguido leer hasta aquí!

Meteorismo galáctico dijo...

¡Qué fino hilas, amiga Raquel! (en cuanto has dicho que te encanta Gran Hermano y el Big Mac, ya me he sentido amigo tuyo de toda la vida).

La distinción entre vejez y experiencia me parece acertada. Yo he asociado a la vejez una experiencia que, ciertamente, no tiene por qué existir. Lo importante para llegar a ser sabio (sabio conocedor de la propia ignorancia), es mantener viva la curiosidad, tener interés por conocer nuevas cosas o por entender algunas que nunca hemos comprendido. Hay demasiada gente que no tiene curiosidad por nada, gente que ve lo complejo que es el universo y se queda tan pancha diciendo que todo ha sido fruto de la casualidad. Personas que ven la tele, hablan por el móvil o viajan en avión, y no se paran a pensar en los fundamentos de toda esa tecnología (¿pensarán también que han surgido por casualidad?). La curiosidad le mantiene a uno vivo (incluso la curiosidad por conocer los entresijos de la vida de Ana Obregón o de la familia Pajares).

Hala, corto el rollo, que veo que ya hay una nueva entrada en tu blog y no conviene embuclarse en un debate antiguo.

Raquel Márquez dijo...

Jejeje, no es por cortar el debate pero es que creo que llevas toda la razón.