Un respeto, viejos
Tengo un compañero de trabajo de cincuenta y tantos años. Llamémosle Juan (porque se llama así). Siempre he notado que el salto generacional entre nosotros le afecta de alguna manera; creo que alguna vez ha percibido mi inevitable repateo de tripas cuando, siendo como es un caballero, hace lo imposible para que yo salga antes que él de los sitios. No puedo entender que su idea de la cortesía pase incluso por obstaculizar mi movimiento natural si es necesario con tal de "permitirme" el paso. Yo me siento más bien como si me obligaran a pasar, porque deciden por mí cómo y cuándo debo hacerlo. Está claro que es un gesto de un sistema que ya no existe, una mímica vacía. Si le damos algún significado, para la gente de mi edad no tendrá que ver mucho con el respeto sino más bien con lo contrario, puede parecer un intento velado de simbólica represión: el hombre tiene que solucionar ciertos aspectos prácticos de la vida a la mujer, y ésta, si mi sentido de la justicia es correcto, tendrá que solucionar otros problemas, supongo que básicamente la crianza de los hijos.
Este detalle que hemos vivido todas, y que normalmente me da igual o me divierte, en él me puede dar auténtica grima. Es porque, utilice las fórmulas corteses que utilice (o también precisamente por la abundancia de fórmulas que utiliza conmigo), todo su lenguaje corporal me sugiere que se siente más respetable que yo. Cuando habla de cualquier tema tiene siempre un tono imperativo, más o menos gracioso, enternecedor para sus seres queridos, imagino, pero desde luego definitivo, lapidario. Todo en él es tensión, una especie de ansia apenas disimulada de ser intachable, no de alegrar a los demás sino de parapetarse ante cualquier juicio, de ser un señor, un don/usted, un buen apellido en cualquier situación. Cuando me permite el paso, como en lo demás que hace, siempre parece estar imponiendo su visión del mundo: hay que hacer las cosas bien, como Dios manda, hay que hacerlas por cojones.
El otro día, aprovechando que otras dos compañeras, también mucho mayores que yo, estaban comentando en voz alta que les caigo bien, Juan se sintió autorizado a decirme sin venir a cuento –añadiendo un con perdón, no faltaba más- que, sinceramente no le gustaba nada la forma de vestir que teníamos ahora los jóvenes. Ahí entró una de las otras a opinar que tenía razón, que su hija llevaba siempre los zapatos sucísimos que era una vergüenza por favor hay que ver (y yo colorada por dentro porque no recuerdo haber limpiado nunca los que llevaba). La conclusión es que mi educación debe de ser blanda o demasiado moderna, porque me parece que es una falta de respeto grave juzgar a alguien en público por su aspecto, y peor aún hacerlo de esa manera tan directa, tan despreocupada, una actitud que sólo puede venir del que se sabe por principio en un escalafón superior.
Ayer mismo, hablando de nuevo de los jóvenes, se quejó de su hijo, porque le ha dado varios sustos teniendo accidentes en moto borracho o drogado a las tantas de la mañana. El matiz importante es el tono, el tono: no es tristeza, no es preocupación lo que expresa por encima de todo. Es reproche. La felicidad que cuenta es la suya. Haber cuidado a sus hijos es una inversión que tendrían que devolver. Imaginé toda una vida de incomunicación con alguien así, alguien que supuestamente te quiere pero que te considera secundario, incomprensible y desagradecido, y entendí que quizás es en parte culpa suya que su hijo haya estado dos veces en la U.V.I. Si está tan lejos de su propio hijo, no me extraña que no nos entendamos.
Supongo que cree que yo también le debo algo, por haber nacido después que él...
22.3.06
20.3.06
Escritura semiatomática, capítulo 3 (de perdidos al río)
salir a la calle dispuesta a comerte el mundo, o al menos dispuesta a que otros se te coman en una orgía privada abierta al público general un día festivo. decodificar el intento hasta hacerlo aquí y ahora. aquí y ahora, ¿por qué cojones no? no me da miedo. no me dais miedo todos vosotros amorosos, cariñosos, erectos, contínuamente amigos. seré tan yo misma que irradiaré luz de intensidades cósmicas en ángulos imposibles inaugurando una nueva era luminosa con módulo de control integrado y subwoofer de 500 watios (no encontrará esta revelación última en las tiendas). voy a gritar hasta generar una corriente subterránea que hará saltar en pedazos un 78 % de la corteza terrestre. cuando acabe instauraré una democracia hippie basada en la farlopa en el 57 % restante y seré una heroína del nuevo mundo multicolor, multiorgásmico y muy múltiple. y si a nadie le interesa será una dictadura militar multicolor que saldrá en todos los libros de texto del futuro por su originalidad y sus encantadoras cenefas de terciopelo.
no me vale con una o dos veces. peligra mi radiación humana así como el albur de chotacabras atléticas mimadas en enjambres de hipócrita amargura bakala. no voy a parar hasta dejar de razonar. ramoncín imita a un sol de esparto y yo seré la princesa del almendro con cefalea perenne y acné caduco. si tienes que salir en mi texto no seré yo quien te impida besar los ajazminados versos de latón que esconde mi vientre enfermo, mi femenino vientre enfermo sediento de más sed, jugando al escondite con migajas de historias nunca empezadas y posibilidades fracasadas. de cómo una sola opción promueve espasmos de arrepentimiento pre-riesgo, de cómo mi lugar en el mundo es saqueado, mi cara usurpada, mis labios encerados e inmovilizados con laca alquímica. será lo que yo desee y cuando yo lo desee como en los cuentos troquelados que sacaba de sus bragas tu bisabuela terrorista. esfúmate o desnúdate pero no vuelvas a mirarme con indiferencia poque te odio y puedo sacudir tus eczemas mentales hasta que castañeteen tus dientes y tirites de miedo, estúpido analfabeto, pequeño vicioso del baño turco, entre la niebla de tu confusión soy un enorme NO que te paraliza sin libros de autoayuda ni actividades colectivas. no me desahogaré nunca de tu medianía, mientras me desangro superada por la tensión clitoridiana insatisfecha, expectante, señalada en estas fechas por todos los ciegos del sanatorio al pasar por la perrera.
salir a la calle dispuesta a comerte el mundo, o al menos dispuesta a que otros se te coman en una orgía privada abierta al público general un día festivo. decodificar el intento hasta hacerlo aquí y ahora. aquí y ahora, ¿por qué cojones no? no me da miedo. no me dais miedo todos vosotros amorosos, cariñosos, erectos, contínuamente amigos. seré tan yo misma que irradiaré luz de intensidades cósmicas en ángulos imposibles inaugurando una nueva era luminosa con módulo de control integrado y subwoofer de 500 watios (no encontrará esta revelación última en las tiendas). voy a gritar hasta generar una corriente subterránea que hará saltar en pedazos un 78 % de la corteza terrestre. cuando acabe instauraré una democracia hippie basada en la farlopa en el 57 % restante y seré una heroína del nuevo mundo multicolor, multiorgásmico y muy múltiple. y si a nadie le interesa será una dictadura militar multicolor que saldrá en todos los libros de texto del futuro por su originalidad y sus encantadoras cenefas de terciopelo.
no me vale con una o dos veces. peligra mi radiación humana así como el albur de chotacabras atléticas mimadas en enjambres de hipócrita amargura bakala. no voy a parar hasta dejar de razonar. ramoncín imita a un sol de esparto y yo seré la princesa del almendro con cefalea perenne y acné caduco. si tienes que salir en mi texto no seré yo quien te impida besar los ajazminados versos de latón que esconde mi vientre enfermo, mi femenino vientre enfermo sediento de más sed, jugando al escondite con migajas de historias nunca empezadas y posibilidades fracasadas. de cómo una sola opción promueve espasmos de arrepentimiento pre-riesgo, de cómo mi lugar en el mundo es saqueado, mi cara usurpada, mis labios encerados e inmovilizados con laca alquímica. será lo que yo desee y cuando yo lo desee como en los cuentos troquelados que sacaba de sus bragas tu bisabuela terrorista. esfúmate o desnúdate pero no vuelvas a mirarme con indiferencia poque te odio y puedo sacudir tus eczemas mentales hasta que castañeteen tus dientes y tirites de miedo, estúpido analfabeto, pequeño vicioso del baño turco, entre la niebla de tu confusión soy un enorme NO que te paraliza sin libros de autoayuda ni actividades colectivas. no me desahogaré nunca de tu medianía, mientras me desangro superada por la tensión clitoridiana insatisfecha, expectante, señalada en estas fechas por todos los ciegos del sanatorio al pasar por la perrera.
17.3.06
Vaguedad espacial
Bertrand Russell en El conocimiento humano (1948): "Supongamos que tiene usted un amigo llamado el Sr. Jones. Como objeto físico, sus límites son un tanto vagos, porque está contínuamente perdiendo y adquiriendo electrones y porque un electrón, por ser una distribución de energía, no cesa abruptamente a cierta distancia de su centro. La superficie del Dr. Jones, por ende, tiene cierta impalpable calidad fantasmal que usted no desea asociar a su amigo, de sólida apariencia. No es necesario entrar en las sutilezas de la física teórica para mostrar que el Sr. Jones es tristemente indeterminado. Cuando se corta las uñas de los pies, hay un tiempo finito, aunque breve, durante el cual es dudoso si los recortes aún forman parte de él o no. Cuando come una costilla de carnero, ¿en qué momento entra a formar parte de él? Cuando exhala anhídrido carbónico, ¿el carbono es parte de él hasta que sale por sus narices? Aunque la respuesta sea afirmativa, hay un tiempo finito durante el cual es discutible si ciertas moléculas han pasado o no por sus narices".
Este texto demuestra tres cosas:
1. Se puede hablar del conocimiento de forma que todos los interesados podamos entenderlo. No hay temas impopulares, hay discursos elitistas.
2. Se puede hablar del conocimiento con sentido del humor. No hay temas aburridos, hay gente rancia.
3. Las uñas de los pies siempre han inspirado a los filósofos.
Bertrand Russell en El conocimiento humano (1948): "Supongamos que tiene usted un amigo llamado el Sr. Jones. Como objeto físico, sus límites son un tanto vagos, porque está contínuamente perdiendo y adquiriendo electrones y porque un electrón, por ser una distribución de energía, no cesa abruptamente a cierta distancia de su centro. La superficie del Dr. Jones, por ende, tiene cierta impalpable calidad fantasmal que usted no desea asociar a su amigo, de sólida apariencia. No es necesario entrar en las sutilezas de la física teórica para mostrar que el Sr. Jones es tristemente indeterminado. Cuando se corta las uñas de los pies, hay un tiempo finito, aunque breve, durante el cual es dudoso si los recortes aún forman parte de él o no. Cuando come una costilla de carnero, ¿en qué momento entra a formar parte de él? Cuando exhala anhídrido carbónico, ¿el carbono es parte de él hasta que sale por sus narices? Aunque la respuesta sea afirmativa, hay un tiempo finito durante el cual es discutible si ciertas moléculas han pasado o no por sus narices".
Este texto demuestra tres cosas:
1. Se puede hablar del conocimiento de forma que todos los interesados podamos entenderlo. No hay temas impopulares, hay discursos elitistas.
2. Se puede hablar del conocimiento con sentido del humor. No hay temas aburridos, hay gente rancia.
3. Las uñas de los pies siempre han inspirado a los filósofos.
14.3.06
Si a veces discuto sobre tonterías con la gente es porque les respeto. A menudo, si eso es posible, les respeto demasiado. Puedo llegar a demostrar mucho respeto por personas que no lo merecen, que se han ganado a pulso mi desprecio o que son indiferentes a mis reacciones. En general consigo mantenerme lejos de relaciones así, por supuesto, pero es más difícil en el trabajo, en la familia, o en general cuando, para facilitar las cosas, quiero ser cordial con alguien a quien no me ha sido dado elegir.
La mayoría de los conflictos con los demás vienen de conceder importancia a la opinión del otro. Yo tiendo a valorar sus argumentos incluso por encima de su bienestar y del mío, y a pesar de haber llegado mil veces a la conclusión de que son los instintos y los sentimientos lo que mueve el mundo. La vida me da lecciones en contrario continuamente, pero yo sigo esgrimiendo mi opinión como otro defendería su alma. Mi dignidad, mi independencia, mi libertad... están en juego en mi cabeza cada vez que suelto mi opinión sobre el asunto más insignificante. En el mejor de los casos me porto como una ingenua romántica intentando hacer brillar la Verdad. En el peor, véase la entrada de la pedantería. No siempre necesito que me den la razón, pero pierdo los nervios si creo que no me entienden, y puedo llegar a hacer cosas realmente estúpidas si veo que no me escuchan. Pero, ¿qué utilidad tiene la sinceridad con el que no la pide ni la ofrece?
A lo que voy es... joder, ¿para qué coño quiero comunicarme con mis jefes?
La mayoría de los conflictos con los demás vienen de conceder importancia a la opinión del otro. Yo tiendo a valorar sus argumentos incluso por encima de su bienestar y del mío, y a pesar de haber llegado mil veces a la conclusión de que son los instintos y los sentimientos lo que mueve el mundo. La vida me da lecciones en contrario continuamente, pero yo sigo esgrimiendo mi opinión como otro defendería su alma. Mi dignidad, mi independencia, mi libertad... están en juego en mi cabeza cada vez que suelto mi opinión sobre el asunto más insignificante. En el mejor de los casos me porto como una ingenua romántica intentando hacer brillar la Verdad. En el peor, véase la entrada de la pedantería. No siempre necesito que me den la razón, pero pierdo los nervios si creo que no me entienden, y puedo llegar a hacer cosas realmente estúpidas si veo que no me escuchan. Pero, ¿qué utilidad tiene la sinceridad con el que no la pide ni la ofrece?
A lo que voy es... joder, ¿para qué coño quiero comunicarme con mis jefes?
7.3.06
Volver a empezar
Aunque Plexus me resulta mucho más flojo que Sexus, hay momentos en que vuelvo a identificarme poderosamente, supongo que porque aún estoy iniciándome. No sé muy bien en qué pero iniciándome, porque está claro que son pasajes “de iniciación”. En éste, una especie de profeta moderno le explica a Henry Miller tópicos de la filosofía oriental que hacen a cualquiera sentirse Elegido:
“Esencialmente usted es un hombre de fe. Un hombre de gran fe. El escéptico en usted es un fenómeno transitorio, una herencia del pasado, de otra vida. Tiene usted que desechar sus dudas –dudas sobre sí mismo, sobre todo-, lo están asfixiando. Un ser como usted sólo necesita lanzarse al mundo y flotará como un corcho (...) La edad no significa nada, no es la edad la que te da sabiduría. Ni la experiencia siquiera, como afirma la gente. Es la rapidez de espíritu. Los vivos y los muertos... Usted, más que nadie, debería saber lo que quiero decir. Sólo hay dos clases en este mundo –y en cualquier mundo-: los vivos y los muertos (...) Quienes viven en el mundo de las tinieblas vislumbran de vez en cuando el mundo de la luz, pero quienes viven en el reino de la luz no saben nada de la oscuridad. Los hombres de la luz no proyectan sombra. No conocen el mal. Tampoco abrigan resentimiento. Se mueven sin cadenas ni trabas (...) La libertad lo abarca todo. La libertad convierte todo a su naturaleza básica, que es la perfección. No crea que hablo de religión o de filosofía. Repudio ambas, totalmente. Ni siquiera son peldaños, como le gusta pensar a la gente. Hay que pasar por encima de ellas, de un salto. Si colocas algo fuera de ti, o por encima de ti, te conviertes en una víctima. Sólo existe una cosa: el espíritu. Lo es todo, y cuando lo comprendes, lo eres. Eres todo lo que existe, no hay nada más... ¿entiende lo que digo?
“Entiende usted, pero su realidad se le escapa. El entendimiento no es nada. Hay que mantener los ojos abiertos, constantemente. Para abrir los ojos, hay que relajarse, no ponerse en tensión. No tema caer hacia atrás en un abismo insondable. No hay nada en que caer. Está usted en ello y pertenece a ello, y un día, si persiste, lo será. No digo que lo vaya a tener, fíjese bien, porque no hay nada que poseer. Tampoco tiene usted que verse poseído, ¡recuérdelo! Tiene que liberarse. No hay ejercicios, físicos o espirituales, que practicar. Todas esas cosas son como el incienso: despiertan una sensación de santidad. Hemos de ser santos sin santidad. Hemos de ser enteros... completos. Eso es ser santo. Cualquier otra clase de santidad es falsa, una trampa y una ilusión...
“Ahora mismo, Henry Miller, nadie en este país sabe nada de usted. Nadie –y lo digo en sentido literal- sabe su identidad auténtica (...) Usted –y en ese momento espació las palabras-, usted solo tendrá que resolver sus problemas (...) el secreto estriba en no preocuparse de que nadie, ni siquiera el Todopoderoso, tenga confianza en usted. Debe llegar, e indudablemente llegará a comprender, que no necesita protección. Tampoco debe anhelar la salvación, pues la salvación sólo es un mito. ¿Qué hay que salvar? ¡Pregúnteselelo! Y, en caso de que sí, ¿salvar de qué? ¿Ha pensado usted en estas cosas? ¡Hágalo! No hay necesidad de redención, porque lo que los hombres llaman pecado y culpa carece de significado en última instancia. ¡Los vivos y los muertos!... ¡recuerde eso simplemente! Cuando llegue a lo más hondo de las cosas, no encontrará aceleración ni retraso, ni nacimiento ni muerte. Existe y usted es: esa es la cuestión, en pocas palabras. No se rompa la cabeza cavilándolo, porque para la mente carece de sentido. Acéptelo y olvídelo... o lo volverá loco...”
¿Cómo me va a extrañar que este buen hombre, al preguntarle Henry su lugar de procedencia, conteste entre vaguedades algo sobre “una aldea de Crimea, no lejos de Sebastopol”?
Aunque Plexus me resulta mucho más flojo que Sexus, hay momentos en que vuelvo a identificarme poderosamente, supongo que porque aún estoy iniciándome. No sé muy bien en qué pero iniciándome, porque está claro que son pasajes “de iniciación”. En éste, una especie de profeta moderno le explica a Henry Miller tópicos de la filosofía oriental que hacen a cualquiera sentirse Elegido:
“Esencialmente usted es un hombre de fe. Un hombre de gran fe. El escéptico en usted es un fenómeno transitorio, una herencia del pasado, de otra vida. Tiene usted que desechar sus dudas –dudas sobre sí mismo, sobre todo-, lo están asfixiando. Un ser como usted sólo necesita lanzarse al mundo y flotará como un corcho (...) La edad no significa nada, no es la edad la que te da sabiduría. Ni la experiencia siquiera, como afirma la gente. Es la rapidez de espíritu. Los vivos y los muertos... Usted, más que nadie, debería saber lo que quiero decir. Sólo hay dos clases en este mundo –y en cualquier mundo-: los vivos y los muertos (...) Quienes viven en el mundo de las tinieblas vislumbran de vez en cuando el mundo de la luz, pero quienes viven en el reino de la luz no saben nada de la oscuridad. Los hombres de la luz no proyectan sombra. No conocen el mal. Tampoco abrigan resentimiento. Se mueven sin cadenas ni trabas (...) La libertad lo abarca todo. La libertad convierte todo a su naturaleza básica, que es la perfección. No crea que hablo de religión o de filosofía. Repudio ambas, totalmente. Ni siquiera son peldaños, como le gusta pensar a la gente. Hay que pasar por encima de ellas, de un salto. Si colocas algo fuera de ti, o por encima de ti, te conviertes en una víctima. Sólo existe una cosa: el espíritu. Lo es todo, y cuando lo comprendes, lo eres. Eres todo lo que existe, no hay nada más... ¿entiende lo que digo?
“Entiende usted, pero su realidad se le escapa. El entendimiento no es nada. Hay que mantener los ojos abiertos, constantemente. Para abrir los ojos, hay que relajarse, no ponerse en tensión. No tema caer hacia atrás en un abismo insondable. No hay nada en que caer. Está usted en ello y pertenece a ello, y un día, si persiste, lo será. No digo que lo vaya a tener, fíjese bien, porque no hay nada que poseer. Tampoco tiene usted que verse poseído, ¡recuérdelo! Tiene que liberarse. No hay ejercicios, físicos o espirituales, que practicar. Todas esas cosas son como el incienso: despiertan una sensación de santidad. Hemos de ser santos sin santidad. Hemos de ser enteros... completos. Eso es ser santo. Cualquier otra clase de santidad es falsa, una trampa y una ilusión...
“Ahora mismo, Henry Miller, nadie en este país sabe nada de usted. Nadie –y lo digo en sentido literal- sabe su identidad auténtica (...) Usted –y en ese momento espació las palabras-, usted solo tendrá que resolver sus problemas (...) el secreto estriba en no preocuparse de que nadie, ni siquiera el Todopoderoso, tenga confianza en usted. Debe llegar, e indudablemente llegará a comprender, que no necesita protección. Tampoco debe anhelar la salvación, pues la salvación sólo es un mito. ¿Qué hay que salvar? ¡Pregúnteselelo! Y, en caso de que sí, ¿salvar de qué? ¿Ha pensado usted en estas cosas? ¡Hágalo! No hay necesidad de redención, porque lo que los hombres llaman pecado y culpa carece de significado en última instancia. ¡Los vivos y los muertos!... ¡recuerde eso simplemente! Cuando llegue a lo más hondo de las cosas, no encontrará aceleración ni retraso, ni nacimiento ni muerte. Existe y usted es: esa es la cuestión, en pocas palabras. No se rompa la cabeza cavilándolo, porque para la mente carece de sentido. Acéptelo y olvídelo... o lo volverá loco...”
¿Cómo me va a extrañar que este buen hombre, al preguntarle Henry su lugar de procedencia, conteste entre vaguedades algo sobre “una aldea de Crimea, no lejos de Sebastopol”?
22.2.06
Cioraniana (II)
Parte segunda y espero que última... En ciertas cosas aún relaciono estos textos conmigo, pero llevan escritos cerca de tres años, como los de la parte “(I)”. Lo que más cambiaría hoy sería el tono: seguía triste, triste...
Cuando me miras así haría una locura
¿Cómo reconocer a un ser humano mentalmente enfermo? ¿Cómo distinguir a un loco entre la multitud? ¿No habéis sentido nunca la tentación de volveros locos? En un prólogo (escrito por Narciso Ibáñez Serrador) de una selección de relatos de Poe encontré una idea interesante que es todo un tópico: nada da más miedo que el propio miedo. Intuir que algo puede asustarme es la forma más segura de acabar asustado. Otra afirmación parecida, creo que aún más cierta, es que nada sale bien cuando se emprende teniendo muy presente que puede salir mal; de eso creo que hablaba Olivares en aquella página que colgué: si coges la bandeja con demasiado cuidado de que no se caiga se caerá. [Añadido de hoy: qué estúpido cuando de pequeño te dicen, como me ha recordado M. estos días, "no tengas miedo del perro, los perros huelen el miedo"]
Con la locura -la locura en la que no se conoce una “causa física directa” (y entrecomillo porque todo es físico, ¿no?)- imagino que sucede algo parecido. Primero uno empieza aceptando la posibilidad de volverse loco; después comienza a preguntarse si no lo estará ya en cierta forma, y en fin acaba, ya seguro de su problema mental -una losa que él mismo se impone y que por eso mismo vive como radicalmente externa, como un destino inexorable-, hablando con un coro de yoes y obsesionándose de modo enfermizo con sus contradicciones, miedos y dudas.
Otra comparación: la locura y la drogodependencia. Un yonqui llega a serlo porque más o menos conscientemente quiere sustituir algo que le duele o que le falta por otro problema mayor que anule el resto de preocupaciones; cuando uno se preocupa demasiado puede llegar a ansiar un estado en que sólo le sea exigible sobrevivir. Pero ni la locura lúcida ni la droga pueden sustituir la ilusión y las emociones positivas, que se hacen así cada vez más inalcanzables. Y yo declaro que no quiero estar loca. No es una forma ética ni razonable de llamar la atención. No es una forma respetable de vivir.
***
Diario con pretensiones
Miro maravillada por la ventana desde mi cuarto (mi espacio conquistado, mi pequeño reino). Veo la noche, que ha llegado lógicamente, a la hora oportuna, en el momento correcto y previsible del ciclo eterno y conocido... y sin embargo no soy capaz de situarla, de entenderla. La materia -los rayos borrosos y titilantes de las farolas, más numerosos y móviles hacia el horizonte donde ya no son sólo farolas sino también focos y coches y adornos de fachadas y más luces, el viento ondeando mi vestido, mis pies tanteando y clavándose en el marco inferior del balconcito, la calle sinuosa perdiéndose al fondo entre casas- me parece lo único existente y a la vez lo más irreal, lo más lírico del mundo. Me acerco a la vida desde las categorías racionales y cometo el temerario narcisismo de creer que soy yo el elemento irracional que lo desestabiliza todo. Fantaseo: "no está loco el mundo sino yo, consigo desordenar el sistema establecido, no hay fórmula para mí, yo soy lo Incomprensible". Y esa sensación es mi opio porque no quiero perderme en la realidad sino alejarme en una contemplación cada vez más velada y codificada... Me niego a desaprender, a fluir con las cosas, y no es cobardía, como creo a veces, sino siempre orgullo (demasiado única, demasiado Yo para integrarme, para rebajarme al mundo).
***
Autoayuda
"Lo que no te destruye te hace más fuerte". Qué verdad tan indudable... Si fuéramos capaces de vivir los sufrimientos como aprendizajes mientras los experimentamos... Pero sólo después de sufrir con verdadera intensidad (lo que sucede justo cuando nos es imposible salir del presente y situarnos en el futuro) se aprende la lección correspondiente. La cabeza nos es útil sólo con el dolor ya superado, cuando el corazón ha recuperado el ritmo de la salud.
***
¿Personajes?
Siempre seré yo. Todos los personajes son el autor, pero temo que en mi caso además sea evidente. Salir de mí misma... Si no es posible del todo, al menos hacerlo como en la imaginación, como en los sueños. El resultado no tendría que ser verosímil para ser interesante, pero me es muy difícil sentirme con derecho a crear. Sólo puedo argumentar, porque ahí veo más claramente que lo que hago es dar vueltas y masticar lo que ya existe. ¿Qué idiota se inventó el concepto de crear, de fabricar de la nada...? Lo único válido sobre la creatividad es lo que dijo algún filósofo cristiano: sólo Dios es capaz de Crear. Es decir: crear es imposible, una idea vacía, una palabra inútil.
Parte segunda y espero que última... En ciertas cosas aún relaciono estos textos conmigo, pero llevan escritos cerca de tres años, como los de la parte “(I)”. Lo que más cambiaría hoy sería el tono: seguía triste, triste...
Cuando me miras así haría una locura
¿Cómo reconocer a un ser humano mentalmente enfermo? ¿Cómo distinguir a un loco entre la multitud? ¿No habéis sentido nunca la tentación de volveros locos? En un prólogo (escrito por Narciso Ibáñez Serrador) de una selección de relatos de Poe encontré una idea interesante que es todo un tópico: nada da más miedo que el propio miedo. Intuir que algo puede asustarme es la forma más segura de acabar asustado. Otra afirmación parecida, creo que aún más cierta, es que nada sale bien cuando se emprende teniendo muy presente que puede salir mal; de eso creo que hablaba Olivares en aquella página que colgué: si coges la bandeja con demasiado cuidado de que no se caiga se caerá. [Añadido de hoy: qué estúpido cuando de pequeño te dicen, como me ha recordado M. estos días, "no tengas miedo del perro, los perros huelen el miedo"]
Con la locura -la locura en la que no se conoce una “causa física directa” (y entrecomillo porque todo es físico, ¿no?)- imagino que sucede algo parecido. Primero uno empieza aceptando la posibilidad de volverse loco; después comienza a preguntarse si no lo estará ya en cierta forma, y en fin acaba, ya seguro de su problema mental -una losa que él mismo se impone y que por eso mismo vive como radicalmente externa, como un destino inexorable-, hablando con un coro de yoes y obsesionándose de modo enfermizo con sus contradicciones, miedos y dudas.
Otra comparación: la locura y la drogodependencia. Un yonqui llega a serlo porque más o menos conscientemente quiere sustituir algo que le duele o que le falta por otro problema mayor que anule el resto de preocupaciones; cuando uno se preocupa demasiado puede llegar a ansiar un estado en que sólo le sea exigible sobrevivir. Pero ni la locura lúcida ni la droga pueden sustituir la ilusión y las emociones positivas, que se hacen así cada vez más inalcanzables. Y yo declaro que no quiero estar loca. No es una forma ética ni razonable de llamar la atención. No es una forma respetable de vivir.
***
Diario con pretensiones
Miro maravillada por la ventana desde mi cuarto (mi espacio conquistado, mi pequeño reino). Veo la noche, que ha llegado lógicamente, a la hora oportuna, en el momento correcto y previsible del ciclo eterno y conocido... y sin embargo no soy capaz de situarla, de entenderla. La materia -los rayos borrosos y titilantes de las farolas, más numerosos y móviles hacia el horizonte donde ya no son sólo farolas sino también focos y coches y adornos de fachadas y más luces, el viento ondeando mi vestido, mis pies tanteando y clavándose en el marco inferior del balconcito, la calle sinuosa perdiéndose al fondo entre casas- me parece lo único existente y a la vez lo más irreal, lo más lírico del mundo. Me acerco a la vida desde las categorías racionales y cometo el temerario narcisismo de creer que soy yo el elemento irracional que lo desestabiliza todo. Fantaseo: "no está loco el mundo sino yo, consigo desordenar el sistema establecido, no hay fórmula para mí, yo soy lo Incomprensible". Y esa sensación es mi opio porque no quiero perderme en la realidad sino alejarme en una contemplación cada vez más velada y codificada... Me niego a desaprender, a fluir con las cosas, y no es cobardía, como creo a veces, sino siempre orgullo (demasiado única, demasiado Yo para integrarme, para rebajarme al mundo).
***
Autoayuda
"Lo que no te destruye te hace más fuerte". Qué verdad tan indudable... Si fuéramos capaces de vivir los sufrimientos como aprendizajes mientras los experimentamos... Pero sólo después de sufrir con verdadera intensidad (lo que sucede justo cuando nos es imposible salir del presente y situarnos en el futuro) se aprende la lección correspondiente. La cabeza nos es útil sólo con el dolor ya superado, cuando el corazón ha recuperado el ritmo de la salud.
***
¿Personajes?
Siempre seré yo. Todos los personajes son el autor, pero temo que en mi caso además sea evidente. Salir de mí misma... Si no es posible del todo, al menos hacerlo como en la imaginación, como en los sueños. El resultado no tendría que ser verosímil para ser interesante, pero me es muy difícil sentirme con derecho a crear. Sólo puedo argumentar, porque ahí veo más claramente que lo que hago es dar vueltas y masticar lo que ya existe. ¿Qué idiota se inventó el concepto de crear, de fabricar de la nada...? Lo único válido sobre la creatividad es lo que dijo algún filósofo cristiano: sólo Dios es capaz de Crear. Es decir: crear es imposible, una idea vacía, una palabra inútil.
9.2.06
Razonablemente
¿Que si soy feliz? Que si soy feliz... Tiene que haber una solución, tiene que haber un criterio mejor que otro para contestar a eso. Vamos a ver... ¿no soy secretaria? Habrá que hacer una especie de balance semanal. Películas, paseos, esperas, conversaciones, fotocopias, cenas... Resto eso, no tengo en cuenta eso otro, multiplico aquello por dos, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis, me llevo una... Sí. La respuesta es ¿sí?
Frase: Sólo hay una forma de ser feliz y es irracional.
Momento: Mucho sol, todo el cielo azul. Tengo tiempo, he quedado para comer. Quedar, comer: recreo, ocio, fiesta... tiempo. Busco el instante deliberadamente y aún así lo consigo: levanto la mirada y todo es perfecto y simple. La silueta de los edificios se recorta altísima contra el cielo: fotografiado, uniforme, iluminado hasta el infinito. Todo es infancia, pero no nostalgia: presente eterno e infantil. Soy una niña y la marea de gente pasando atareada a medio metro en todas direcciones me aísla aún más porque ellos no viven mi momento sino sólo en él, para mí. Soy el centro del universo. Estoy aquí. Estoy tan, tan aquí... Tengo que escribirlo, pero no ha pasado nada...
Monólogo interior (del protagonista de Johnny cogió su fusil. Está en la cama de un hospital desconocido, sin brazos ni piernas, sin ojos ni oídos, sin forma de comunicarse ni de actuar. Tras meses de monotonía, una ventana repentinamente abierta le permite sentir el calor del sol): ¡Es el sol! ¡El sol, he encontrado el sol! ¡¡Gracias, Dios mío!! Aunque nunca tenga nada más, siempre tendré a Dios y la luz del sol.
¿Que si soy feliz? Que si soy feliz... Tiene que haber una solución, tiene que haber un criterio mejor que otro para contestar a eso. Vamos a ver... ¿no soy secretaria? Habrá que hacer una especie de balance semanal. Películas, paseos, esperas, conversaciones, fotocopias, cenas... Resto eso, no tengo en cuenta eso otro, multiplico aquello por dos, cuatro y dos son seis, seis y dos son ocho y ocho dieciséis, me llevo una... Sí. La respuesta es ¿sí?
Frase: Sólo hay una forma de ser feliz y es irracional.
Momento: Mucho sol, todo el cielo azul. Tengo tiempo, he quedado para comer. Quedar, comer: recreo, ocio, fiesta... tiempo. Busco el instante deliberadamente y aún así lo consigo: levanto la mirada y todo es perfecto y simple. La silueta de los edificios se recorta altísima contra el cielo: fotografiado, uniforme, iluminado hasta el infinito. Todo es infancia, pero no nostalgia: presente eterno e infantil. Soy una niña y la marea de gente pasando atareada a medio metro en todas direcciones me aísla aún más porque ellos no viven mi momento sino sólo en él, para mí. Soy el centro del universo. Estoy aquí. Estoy tan, tan aquí... Tengo que escribirlo, pero no ha pasado nada...
Monólogo interior (del protagonista de Johnny cogió su fusil. Está en la cama de un hospital desconocido, sin brazos ni piernas, sin ojos ni oídos, sin forma de comunicarse ni de actuar. Tras meses de monotonía, una ventana repentinamente abierta le permite sentir el calor del sol): ¡Es el sol! ¡El sol, he encontrado el sol! ¡¡Gracias, Dios mío!! Aunque nunca tenga nada más, siempre tendré a Dios y la luz del sol.
25.1.06
14.1.06
Cumpleaños cetáceo ;-D
Elena la Ballena
explora los océanos
graciosa cual sirena
Moderna y salerosa
esquiva los corales
y sale siempre airosa
Entiende de belleza
(disfruta con las formas:
¡se queda de una pieza!)
Mas no anda despistada
y busca apasionada
(rompiendo algunas normas)
detrás de la corteza
Cualquier banco de peces
vistoso, colorido
en gris se difumina
de lo que desmerece
si Elena ha aparecido
Su sombra les fulmina
Los come con patatas
(su imagen femenina
asusta a las beatas)
No haya contemplaciones
Ni renos ni perritos
¡Rechace imitaciones
que no valen la pena!
Como animal favorito
Elena, la ballena
Jajajaja...
Elena la Ballena
explora los océanos
graciosa cual sirena
Moderna y salerosa
esquiva los corales
y sale siempre airosa
Entiende de belleza
(disfruta con las formas:
¡se queda de una pieza!)
Mas no anda despistada
y busca apasionada
(rompiendo algunas normas)
detrás de la corteza
Cualquier banco de peces
vistoso, colorido
en gris se difumina
de lo que desmerece
si Elena ha aparecido
Su sombra les fulmina
Los come con patatas
(su imagen femenina
asusta a las beatas)
No haya contemplaciones
Ni renos ni perritos
¡Rechace imitaciones
que no valen la pena!
Como animal favorito
Elena, la ballena
Jajajaja...
10.1.06
Por un mundo de Humpty Dumpties ya
Jaja... Os copio directamente dos trocitos de Al otro lado del espejo que vienen citados en el prólogo de El juego de la lógica y que me encantaron. Alicia está hablando con el Caballero Blanco. Sigue teniendo que ver con la ambigüedad del lenguaje y con mi fascinación por el “lo que es, es y lo que no es, no es”:
" Permítame -dijo el Caballero con tono de ansiedad- que le cante una canción.
- ¿Es muy larga? -preguntó Alicia, que había tenido un día poéticamente muy cargado.
- Es larga -dijo el Caballero-, pero es muy, muy hermosa. Todo el que me la oye cantar, o bien prorrumpe en llanto, o bien...
- ¿O bien qué? -dijo Alicia al ver que el Caballero se había callado de repente.
- O bien no prorrumpe".
Y explica el prologuista, que es Alfredo Deaño: "He aquí una aplicación inexorable del principio lógico de tercio excluso". O sea, que algo, o tiene un atributo, o no lo tiene. Si mentalmente escindimos una clase de seres-humanos-llorando-en-el-mundo en un momento dado, todo el maldito resto de personas que haya en el planeta Tierra en ese instante serán con toda seguridad los seres humanos que no están llorando, y por tanto se podrá hablar de ellos como la clase opuesta a la primera, la clase seres-humanos-que-no-están-llorando-en-el-mundo. Así de simple, así de infalible y estúpido. En los sentimientos, en el mundo animal que también habitamos (en realidad el único que habitamos, me guste o no), se puede estar medio llorando, se puede estar en ese momento crucial en que se está empezando a sollozar pero no se ha prorrumpido en llanto (¿o “prorroto”…? Qué horrrror); se puede incluso estar en un estado intermedio extrañísimo entre la risa y las lágrimas… pero no en lógica. No en lógica. En cierto sentido parece que para ser puramente lógico las cosas sólo pueden ser blancas o negras. Y así creo que funciona también nuestra cabeza cuando argumentamos, siempre por oposición y eliminación. Sin el tercio excluso tendríamos que rendirnos y reconocer eso de que estamos aquí para nada, de que “no somos nadie”. Porque cómo aclararnos, cómo crearnos un sentido, cómo contarnos una historia de nuestra vida sin síes y noes, sin blancos y negros absolutos…
Os invito a todos a la Primera Jornada de Humpty Dumpties. Ahí tendrá que haber más reglas aún que en mi cumpleaños, porque no se podrá razonar, no se podrá analizar, clasificar ni dividir o multiplicar. Todos dialogando como besugos sin intentar decir nada. Sería divertidísimo…
O neurótico: así es como califica Deaño el mundo de ficción de Carroll, me temo que con más razón que un santo. Y es que fijaos la de normas limitadoras que necesitaría tamaña búsqueda de la libertad. Siempre la paradoja: el mundo fantástico de Carroll también es lógico. La lógica parece una cárcel y Carroll un pobre preso que se vuelve loco. Mirad el otro trozo que cita Deaño:
“ El nombre de la canción se llama “Haddocks` Eyes”.
- Así que ése es el nombre de la canción, ¿no? –preguntó Alicia, que comenzaba a sentirse interesada.
- No, veo que no me entiende. Así es como se llama el nombre. El nombre en realidad es “The Aged Aged Man”.
- Entonces lo que tendría que haber dicho –dijo Alicia corrigiéndose- es que así es como se llama la canción, ¿no?
- ¡No! ¡Es algo totalmente distinto! La canción se llama “Ways and Means”: pero eso es sólo lo que se le llama.
- Bien. Entonces, ¿cuál es la canción? –preguntó Alicia, que a estas alturas se hallaba ya sumida en completa perplejidad.
- A eso iba –dijo el Caballero-. En realidad la canción es “A-sitting On a Gate”.
Es tan lógico que es como para volverse majareta. Pero no os dejéis engañar. En la última intervención el Caballero Blanco ha dado el paso prohibido en lógica que damos todos. De repente no habla del lenguaje, habla de la Realidad, de lo que Es, de lo que objetivamente Es la canción. Ha saltado a la metafísica. A la religión, vaya. ¿Será posible…?
No es sólo posible, ¡es inevitable!
Jaja... Os copio directamente dos trocitos de Al otro lado del espejo que vienen citados en el prólogo de El juego de la lógica y que me encantaron. Alicia está hablando con el Caballero Blanco. Sigue teniendo que ver con la ambigüedad del lenguaje y con mi fascinación por el “lo que es, es y lo que no es, no es”:
" Permítame -dijo el Caballero con tono de ansiedad- que le cante una canción.
- ¿Es muy larga? -preguntó Alicia, que había tenido un día poéticamente muy cargado.
- Es larga -dijo el Caballero-, pero es muy, muy hermosa. Todo el que me la oye cantar, o bien prorrumpe en llanto, o bien...
- ¿O bien qué? -dijo Alicia al ver que el Caballero se había callado de repente.
- O bien no prorrumpe".
Y explica el prologuista, que es Alfredo Deaño: "He aquí una aplicación inexorable del principio lógico de tercio excluso". O sea, que algo, o tiene un atributo, o no lo tiene. Si mentalmente escindimos una clase de seres-humanos-llorando-en-el-mundo en un momento dado, todo el maldito resto de personas que haya en el planeta Tierra en ese instante serán con toda seguridad los seres humanos que no están llorando, y por tanto se podrá hablar de ellos como la clase opuesta a la primera, la clase seres-humanos-que-no-están-llorando-en-el-mundo. Así de simple, así de infalible y estúpido. En los sentimientos, en el mundo animal que también habitamos (en realidad el único que habitamos, me guste o no), se puede estar medio llorando, se puede estar en ese momento crucial en que se está empezando a sollozar pero no se ha prorrumpido en llanto (¿o “prorroto”…? Qué horrrror); se puede incluso estar en un estado intermedio extrañísimo entre la risa y las lágrimas… pero no en lógica. No en lógica. En cierto sentido parece que para ser puramente lógico las cosas sólo pueden ser blancas o negras. Y así creo que funciona también nuestra cabeza cuando argumentamos, siempre por oposición y eliminación. Sin el tercio excluso tendríamos que rendirnos y reconocer eso de que estamos aquí para nada, de que “no somos nadie”. Porque cómo aclararnos, cómo crearnos un sentido, cómo contarnos una historia de nuestra vida sin síes y noes, sin blancos y negros absolutos…
Os invito a todos a la Primera Jornada de Humpty Dumpties. Ahí tendrá que haber más reglas aún que en mi cumpleaños, porque no se podrá razonar, no se podrá analizar, clasificar ni dividir o multiplicar. Todos dialogando como besugos sin intentar decir nada. Sería divertidísimo…
O neurótico: así es como califica Deaño el mundo de ficción de Carroll, me temo que con más razón que un santo. Y es que fijaos la de normas limitadoras que necesitaría tamaña búsqueda de la libertad. Siempre la paradoja: el mundo fantástico de Carroll también es lógico. La lógica parece una cárcel y Carroll un pobre preso que se vuelve loco. Mirad el otro trozo que cita Deaño:
“ El nombre de la canción se llama “Haddocks` Eyes”.
- Así que ése es el nombre de la canción, ¿no? –preguntó Alicia, que comenzaba a sentirse interesada.
- No, veo que no me entiende. Así es como se llama el nombre. El nombre en realidad es “The Aged Aged Man”.
- Entonces lo que tendría que haber dicho –dijo Alicia corrigiéndose- es que así es como se llama la canción, ¿no?
- ¡No! ¡Es algo totalmente distinto! La canción se llama “Ways and Means”: pero eso es sólo lo que se le llama.
- Bien. Entonces, ¿cuál es la canción? –preguntó Alicia, que a estas alturas se hallaba ya sumida en completa perplejidad.
- A eso iba –dijo el Caballero-. En realidad la canción es “A-sitting On a Gate”.
Es tan lógico que es como para volverse majareta. Pero no os dejéis engañar. En la última intervención el Caballero Blanco ha dado el paso prohibido en lógica que damos todos. De repente no habla del lenguaje, habla de la Realidad, de lo que Es, de lo que objetivamente Es la canción. Ha saltado a la metafísica. A la religión, vaya. ¿Será posible…?
No es sólo posible, ¡es inevitable!
6.1.06
Pedante lo serás tú
Si la vida no tiene sentido, entonces el lenguaje no significa nada concreto. Las palabras no pueden ser unívocas, tienen que ser necesariamente ambiguas.
Este nuevo argumento relativista, que podía haber aprendido leyendo a filósofos ya clásicos a los que no he leído, me lo han tenido que enseñar a hostias. Porque yo, ya lo he dejado caer, llego a mis conclusiones filosóficas negando siempre mi primer instinto (otra cosa en la que soy platónica, y van…); a mí lo que me gusta es sentir algo y luego darme cuenta de que ni eso me limita, analizarlo y cuestionarlo hasta que lo destruyo a base de dialéctica bruta… aunque ahí siga en el fondo. En este caso lo que me pierde, lo que me fascina, es ese “lo que es, es” que parece estar sobreentendido en el lenguaje y en la lógica. Ahí soy desesperadamente absolutista, al menos en el primer impulso. Así que ahí me tenéis cometiendo una terrible falta de educación: corregir a otro en su personal uso del lenguaje en mitad de una conversación sobre un tema que no tenía nada que ver con el idioma… El otro, comprensiblemente, se enfada por la interrupción. Estamos hablando de un amigo de él al que yo apenas conozco y le ha llamado pedante de la forma más cariñosa que os podáis imaginar. Y ahí entra el monstruo-absolutista-raqueliano-yo-entiendo-de-esto y centra el tema en la palabra “pedante”, porque, todo el mundo lo sabe –¡viene en el diccionario, por el amor de Dios!—, es despectiva.
Siempre que me pasa esto, en cuanto lo pienso un poco, veo que es una discusión estéril, y que además de maleducado es incoherente por mi parte hacer esas cosas. Porque mi miniteoría transitoria del lenguaje hoy por hoy es que es una herramienta cuya fiabilidad está basada únicamente en la estadística, en la opinión de los que la usan, como toda verdad. Así que es imperdonable obligar a nadie a que su verdad como hablante se adapte a la Verdad Verdaderamente Objetiva del diccionario, por más María Moliner que sea. La validez de lo que se dice depende del contexto, como ya dijo aquí Laura, y los que estábamos en aquella conversación entendimos perfectamente a qué se refería el que dijo “pedante”. La conclusión es que utilizó el lenguaje de una forma correcta, y además personal, lo que hace su forma de hablar mucho más hermosa.
Un día posterior volvimos a hablar de ello y eso ya fue más filosofía y menos pataleta. El gran Otro me mostró mi error, y lo hizo como suele sin necesidad de descender al orden racional de mi cabeza cuadriculada. Lo que entendí, reducido a torpe lenguaje, es que cuando yo discuto sobre generalizaciones en gran parte juego con las palabras, y lo hago porque es divertido, porque disfruto, no porque quiera llegar a la verdad. La verdad como tal, y en eso coincidimos los dos, no existe, así que las palabras no son vehículos de algo inequívoco, no nos traen conocimiento de algo trascendente. Son meras expresiones de sensaciones momentáneas. No podemos construir nada real partiendo sólo de lenguaje.
La vida no es para generalizar, igual que no es para ir al fútbol, ni para ser catedrático, ni para… nada. No estamos aquí para algo. Estamos aquí y punto. Y punto.
Si la vida no tiene sentido, entonces el lenguaje no significa nada concreto. Las palabras no pueden ser unívocas, tienen que ser necesariamente ambiguas.
Este nuevo argumento relativista, que podía haber aprendido leyendo a filósofos ya clásicos a los que no he leído, me lo han tenido que enseñar a hostias. Porque yo, ya lo he dejado caer, llego a mis conclusiones filosóficas negando siempre mi primer instinto (otra cosa en la que soy platónica, y van…); a mí lo que me gusta es sentir algo y luego darme cuenta de que ni eso me limita, analizarlo y cuestionarlo hasta que lo destruyo a base de dialéctica bruta… aunque ahí siga en el fondo. En este caso lo que me pierde, lo que me fascina, es ese “lo que es, es” que parece estar sobreentendido en el lenguaje y en la lógica. Ahí soy desesperadamente absolutista, al menos en el primer impulso. Así que ahí me tenéis cometiendo una terrible falta de educación: corregir a otro en su personal uso del lenguaje en mitad de una conversación sobre un tema que no tenía nada que ver con el idioma… El otro, comprensiblemente, se enfada por la interrupción. Estamos hablando de un amigo de él al que yo apenas conozco y le ha llamado pedante de la forma más cariñosa que os podáis imaginar. Y ahí entra el monstruo-absolutista-raqueliano-yo-entiendo-de-esto y centra el tema en la palabra “pedante”, porque, todo el mundo lo sabe –¡viene en el diccionario, por el amor de Dios!—, es despectiva.
Siempre que me pasa esto, en cuanto lo pienso un poco, veo que es una discusión estéril, y que además de maleducado es incoherente por mi parte hacer esas cosas. Porque mi miniteoría transitoria del lenguaje hoy por hoy es que es una herramienta cuya fiabilidad está basada únicamente en la estadística, en la opinión de los que la usan, como toda verdad. Así que es imperdonable obligar a nadie a que su verdad como hablante se adapte a la Verdad Verdaderamente Objetiva del diccionario, por más María Moliner que sea. La validez de lo que se dice depende del contexto, como ya dijo aquí Laura, y los que estábamos en aquella conversación entendimos perfectamente a qué se refería el que dijo “pedante”. La conclusión es que utilizó el lenguaje de una forma correcta, y además personal, lo que hace su forma de hablar mucho más hermosa.
Un día posterior volvimos a hablar de ello y eso ya fue más filosofía y menos pataleta. El gran Otro me mostró mi error, y lo hizo como suele sin necesidad de descender al orden racional de mi cabeza cuadriculada. Lo que entendí, reducido a torpe lenguaje, es que cuando yo discuto sobre generalizaciones en gran parte juego con las palabras, y lo hago porque es divertido, porque disfruto, no porque quiera llegar a la verdad. La verdad como tal, y en eso coincidimos los dos, no existe, así que las palabras no son vehículos de algo inequívoco, no nos traen conocimiento de algo trascendente. Son meras expresiones de sensaciones momentáneas. No podemos construir nada real partiendo sólo de lenguaje.
La vida no es para generalizar, igual que no es para ir al fútbol, ni para ser catedrático, ni para… nada. No estamos aquí para algo. Estamos aquí y punto. Y punto.
21.12.05

Desobediencia civil, sablazos, crucifixión y planchar la ropa
Acabo de terminar este librito que me regaló Mario. Aunque tenía tres o cuatro regalos más para leer, eran mucho más gordos (menos lo de Carroll, ¡pero tiene fórmulas!)… y además a mí se me gana fácil con un título que incluye “desobediencia”, ya he dicho que tiendo a pensar a la contra…
Con Sexus todavía en la cabeza (“siempre pensando en lo único”, diréis) lo que más me ha interesado de Thoreau es su individualismo y su “egoísmo-bien-entendido”. El otro Henry hablaba con todo detalle en varios libros de su talento para sablear a amigos y conocidos. Ellos la mayoría de las veces aflojaban de buena gana, para sentirse bien consigo mismos o simplemente para recompensar la compañía de alguien que se esforzaba en divertir a todo el mundo a su alrededor (y que solía devolver sus préstamos, no está de más aclararlo).
Esto de sacarle dinero a la gente, que a Elena le hizo desconectar –comprensiblemente, creo yo-, a mí me atrajo más que otras cosas más poéticas o especulativas de Miller. Un conflicto moral siempre te hace aprender algo nuevo… ¿Y no será que es perfectamente ético y razonable pedir dinero y darlo así porque sí? ¿No será que la idea del sableo nos revuelve algo dentro sólo porque tenemos demasiado asumida la moral del trabajo y del sacrificio, la ética de la productividad que tanto le preocupa a Mario? ¿Y si yo consigo con gracia que la gente a la que caigo bien me dé dinero sin trabajar… eso no es un ejercicio de libertad tan precioso como cualquier otro para ambas partes? Si eso nos supone un conflicto quizá es porque nos han dicho que la vida cuesta (dinero), que la vida (= el dinero) exige siempre un trabajo penoso e insatisfactorio, que la vida no es “perder el tiempo” mirando el paisaje o charlando con los amigos sino acumular (experiencias, datos, dinero), competir, ganar (dinero)… Con este clima alrededor, es normal que llamemos egoísta a alguien tan sincero y humilde como para pedirnos que subvencionemos su vida. Y tan simpático como para conseguirlo sin que perdamos la sonrisa.
Y Thoreau, aunque muy diferente a Miller, tiene algo básico en común, ese individualismo, ese egoísmo asumido. Hay afirmaciones en que está especialmente claro:
“A mi modo, en silencio, le declaro la guerra al Estado, aunque todavía haré todo el uso de él y le sacaré todo el provecho que pueda, como suele hacerse en estos casos”.
Es decir, no tengo por qué aceptar por entero un sistema que me beneficia sólo en parte. Cojo lo que me interesa y lo demás no sólo lo critico sino que lo desobedezco. Esto es fundamental, pero de nuevo la ética del sacrificio judeo-cristiana (y no acuso a nadie, porque siempre hablo de mí) nos puede hacer torcer el gesto ante una declaración directa como ésta. Todos sacamos provecho, todos nos beneficiamos en algo del sistema. La forma de diferenciarnos sólo puede venir de un heroísmo directo –hacernos violentos si hace falta, o sacrificarnos pero con nuestra vida, nuestra propiedad, nuestro trabajo, no sólo con palabras- o del reconocimiento de los hechos: es cierto, no soy un salvador, sólo soy un charlatán, pero al menos no haré el juego a mis enemigos. En esta segunda postura se planta Thoreau:
“Por supuesto, no es un deber del hombre dedicarse a la erradicación del mal, por monstruoso que sea. Puede tener, como le es lícito, otros asuntos entre manos; pero sí es su deber al menos, lavarse las manos de él. Y si no se va a preocupar más de él, que, por lo menos, en la práctica, no le dé su apoyo. Si me entrego a otros fines y consideraciones, antes de dedicarme a ellos, debo, como mínimo, asegurarme de que no estoy pisando a otros hombres. Ante todo, debo permitir que también los demás puedan realizar sus propósitos”.
Mucho mejor explicado que un simple “vive y deja vivir”, que se puede interpretar, como hicieron tantos hippies, como mera tolerancia pasiva, algo opuesto a Thoreau (que no necesariamente a mí). Por esto que dice, se negó durante años a pagar unos impuestos que se destinaban a hacer la guerra y a mantener la esclavitud en su país.
Qué mal se nos da eso en Europa, me refiero a reconocer que nuestra vida no es casi nunca un sacrificio, que, nos guste o no, casi nadie da su vida por los demás, que vivimos pensando en nuestra propia alegría. Porque no queremos, porque no nos acaba de parecer justo vivir con esa carga casi inhumana encima. Porque, como en mi caso, ni siquiera nos parece ético, la mayor parte de las veces, ayudar a los demás a través de la renuncia de uno mismo. Jesucristo quería dar una lección con su muerte, y para mí la peor de las que dio es ésa, la del sacrificio. Yo creo en predicar con el ejemplo, ¿y es que él quería que nos sacrificáramos todos? ¿Es ése el modelo de vida más ético, morir? ¿Ésa es la mejor moral, renunciar al fin de la ética, a la felicidad, y aun a la supervivencia? ¿Para quién se sacrifica uno, qué ganamos los demás? Como decía Patti Smith, Jesús murió por los pecados de alguien, pero no por los míos. Si te sacrificas, si crees que el fin de tu vida, como creyó Jesús, es erradicar el mal, te estás situando por encima del resto de la humanidad: “para que vosotros comprendáis tengo que morir yo”.
No creo que el propio Jesucristo esperara tras su muerte una santidad parecida a la suya de nosotros, pobres seres a los que Dios tiene que perdonar con infinita paciencia una y otra vez porque “no sabemos lo que hacemos”, porque no somos responsables, somos niños o estúpidos. Lo único que consigue la idea del sacrificio es que nos sintamos culpables... Jesús en la cruz es como una esposa abnegada que grita su infelicidad a los cuatro vientos planchando la ropa de su marido, cuando es libre de sentarse a leer o dar una vuelta o hacer un amigo. Haber huido, hombre, como hizo Henry Miller cuando estalló la guerra. Predicar con el ejemplo, predicar con el ejemplo.
Había destacado muchos párrafos preferidos de Thoreau, pero sería aburridísimo. Dejo ideas para otro día. Hoy me gustaría hablar de una última cosa. Mario, que lleva tiempo dudando de la democracia, me regaló este libro porque está relacionado con cosas que yo he dicho aquí, y llego a una conclusión interesante. En la disyuntiva que planteé entre Verdad y Democracia, si Mario sigue hoy en la órbita de Thoreau, me parece que se queda más bien con la Verdad.
Es cierto que yo creo en una verdad no muy diferente de la de Thoreau, y seguro que muy muy parecida a la de Mario: creo firmemente que hay que vivir buscando la felicidad propia y haciendo el menor daño posible a los demás (con “posible” soy literal, hay daños que me parecen inevitables, pero desde luego no son los derivados de tu puesto de trabajo o de otras cosas elegidas libremente, sino de los sentimientos de los demás hacia ti, por ejemplo. Si alguien sufre porque me quiere o me odia, puedo amortiguar el daño pero difícilmente evitarlo manteniendo mi libertad. En casi todos los demás casos, cada pequeño daño es por entero responsabilidad mía y un pecado, incluso). Pero hasta esta verdad es un acto de fe, no la creo absoluta. Aun pareciéndome casi obvia la someto a "las urnas”, a la mayoría “democrática”, así que yo elijo Democracia, supongo que porque confío en que el 99 por ciento de la gente comparte más o menos esta opinión (aunque no la pongamos siempre en práctica, claro)…
13.12.05
No puedo evitar generalizar cuando me ducho
Sobre todo, recordar las uñas de los pies. Ayer se me olvidó, siempre me pasa. Joder, sí que están largas, menos mal que follo con calcetines, je, je. Se me va a olvidar otra vez. Soy tan despistada… Bueno, los despistes tampoco son importantes, ¿no? Conozco a gente despistada que es muy lista… Definitivamente: los despistados no somos tontos. O no tenemos por qué ser tontos. Todo el mundo es tonto. No, esto no, qué chorrada.
A ver el agua… Mira, atiné a la primera, temperatura perfecta. Qué relax. Vaya palabra fea, “relax”. El castellano se está corrompiendo. O algo así. Además, no estoy nerviosa, así que esto no es una típica “ducha relajante”. Estoy relajada todo el día.
Estoy enamorada. Sí. Qué bonito. ¿Él está enamorado? Conmigo no usa mucho esa palabra, pero se lo dijo a Julia, ella me lo dijo: “Le pregunto: estás muy enamorado, ¿verdad? Y me dice: sí, mucho”. Ahí lo tienes. Estás enamorado hasta el cuello, chaval. Llámalo como quieras. Estamos los dos e-na-mo-ra-dos. Es simétrico, yo de él y él de mí. Así es como tiene que ser. El Amor es eso, esa simetría, dos complementos perfectos, creados el uno para el otro. Pero qué digo, no, el amor se entrega sin más, y yo parece que esté pidiendo algo a cambio. Joder, siempre pidiendo, pero de qué coño voy…
Él sólo da. El lo hace todo bien. Los hombres son más buenos que las mujeres… no, no más buenos, pero más directos, más sinceros… bueno, no todos, pero él sí. Él es Perfecto. Al menos es perfecto para mí en todo. Es lo que yo necesito... Ya estoy siendo egocéntrica otra vez.
Un poco más de acondicionador. El otro día quedó encrespado y es porque puse poco. Hala, no tanto… Bueno, mejor arrepentirse de haber hecho algo que de no haberlo hecho. Ja, ja, si hay un contexto en que eso carece de todo sentido es éste. ¿”contexto”? A ver si dejo de leer filosofía postmoderna, ni en la ducha paro, ja, ja… Mira con Amanda ayer acompañándome a casa. Le digo: “no puedo evitar generalizar cuando me ducho”. Se carcajea y me dice: “quiero hacer una película en la que salgas tú diciendo eso”. Viniendo de ella es una preciosidad de frase. Ahora me voy a acordar de eso cada dos por tres cuando me duche. Ya ayer cuando me lo dijo sabía que iba a estar pensando esto ahora. La vida es un Eterno Retorno.
Comprar toallas nuevas, ésta rasca cada vez más... Qué bien conocer a Amanda. Está claro que tenía que suceder, me la tenía que encontrar en la vida. No, eso sí que no, el Destino no existe. O en cualquier caso, no existe aún, aún no es. Y cuando exista dejará de ser Destino, será simple presente, como todo. Nada está escrito.
Coño, me he puesto los zapatos y no me he cortado las uñas. Pues ya paso, mañana será otro día. Estoy tonta, joder.
Sobre todo, recordar las uñas de los pies. Ayer se me olvidó, siempre me pasa. Joder, sí que están largas, menos mal que follo con calcetines, je, je. Se me va a olvidar otra vez. Soy tan despistada… Bueno, los despistes tampoco son importantes, ¿no? Conozco a gente despistada que es muy lista… Definitivamente: los despistados no somos tontos. O no tenemos por qué ser tontos. Todo el mundo es tonto. No, esto no, qué chorrada.
A ver el agua… Mira, atiné a la primera, temperatura perfecta. Qué relax. Vaya palabra fea, “relax”. El castellano se está corrompiendo. O algo así. Además, no estoy nerviosa, así que esto no es una típica “ducha relajante”. Estoy relajada todo el día.
Estoy enamorada. Sí. Qué bonito. ¿Él está enamorado? Conmigo no usa mucho esa palabra, pero se lo dijo a Julia, ella me lo dijo: “Le pregunto: estás muy enamorado, ¿verdad? Y me dice: sí, mucho”. Ahí lo tienes. Estás enamorado hasta el cuello, chaval. Llámalo como quieras. Estamos los dos e-na-mo-ra-dos. Es simétrico, yo de él y él de mí. Así es como tiene que ser. El Amor es eso, esa simetría, dos complementos perfectos, creados el uno para el otro. Pero qué digo, no, el amor se entrega sin más, y yo parece que esté pidiendo algo a cambio. Joder, siempre pidiendo, pero de qué coño voy…
Él sólo da. El lo hace todo bien. Los hombres son más buenos que las mujeres… no, no más buenos, pero más directos, más sinceros… bueno, no todos, pero él sí. Él es Perfecto. Al menos es perfecto para mí en todo. Es lo que yo necesito... Ya estoy siendo egocéntrica otra vez.
Un poco más de acondicionador. El otro día quedó encrespado y es porque puse poco. Hala, no tanto… Bueno, mejor arrepentirse de haber hecho algo que de no haberlo hecho. Ja, ja, si hay un contexto en que eso carece de todo sentido es éste. ¿”contexto”? A ver si dejo de leer filosofía postmoderna, ni en la ducha paro, ja, ja… Mira con Amanda ayer acompañándome a casa. Le digo: “no puedo evitar generalizar cuando me ducho”. Se carcajea y me dice: “quiero hacer una película en la que salgas tú diciendo eso”. Viniendo de ella es una preciosidad de frase. Ahora me voy a acordar de eso cada dos por tres cuando me duche. Ya ayer cuando me lo dijo sabía que iba a estar pensando esto ahora. La vida es un Eterno Retorno.
Comprar toallas nuevas, ésta rasca cada vez más... Qué bien conocer a Amanda. Está claro que tenía que suceder, me la tenía que encontrar en la vida. No, eso sí que no, el Destino no existe. O en cualquier caso, no existe aún, aún no es. Y cuando exista dejará de ser Destino, será simple presente, como todo. Nada está escrito.
Coño, me he puesto los zapatos y no me he cortado las uñas. Pues ya paso, mañana será otro día. Estoy tonta, joder.
11.12.05

Al principio, pensaba simplemente en poneros esta página, mi favorita de los Cuentos de la Estrella Legumbre. Para mí el arte es esto, una imagen, o unas palabras, o las dos cosas, que te sacuden, dándote la sensación, posiblemente ficticia pero tan importante en la vida, de ser otra persona a partir de ese mismo momento. Me ha vuelto tantísimas veces a la cabeza ese teatrillo de pesadilla que se parece tanto al mundo real… Cuando leo algunas de las cosas de Olivares me parece que está hablando de mí y de gente que conozco… Yo creo que es porque de alguna forma está hablando de él y de gente que conoce, y eso acaba siendo en todos los autores que me emocionan lo mismo que describir la “naturaleza humana”. Capta tan al vuelo esas pequeñas grandes verdades que sentimos todos en algún momento…
Esta página me provoca el mismo efecto que los pasajes clave de El lobo estepario. Cuando lo leí, y también con Demian, pensé que era increíble que alguien hubiera hablado tan fielmente de mí, que sin conocerme se hubiera referido tan directamente a mí. Luego, hablé del libro con tres, cuatro personas, y habían sentido lo mismo… Al principio hay que confesar que fastidia. Nos gusta pensar que nuestro sufrimiento es único, que formamos parte de esa antiélite marcada por el signo de Caín… Soy tan inteligente, tan autocrítico, tan especial, que esa es la explicación de mi dolor. Pero no, el dolor es tan estúpido como el placer y la alegría. Y como parece que dice Javier Olivares, el daño que nos hace nuestra cobardía es una de las causas, o quizá la única causa universal, del Mal. Al final, ver que no eres la única es una satisfacción: puedes abandonarte sin miedo a la admiración absoluta de ese autor que ha sido capaz de explicarse tan sinceramente que ha englobado a toda la humanidad en su primera persona sin apenas darse cuenta…

Todo eso fue al principio. Luego he visto esta otra página y he tenido que ponerla también. Me he acordado, ya gráficamente, sin símbolos ni filosofía ni nada de nada, de Elena, Abel, Miriam, David P., LuisDoe y El Pico, todos riéndose con ganas y comiendo patatas fritas a las dos de la mañana (que rima con Juana Banana), y eso es algo que hay que homenajear. Así que ahí tenéis. Se la dedico especialmente a El Pico, al esdrújulo Pico de Oro, jaja… Con mensajes así al móvil puedes justificar tu ausencia en cualquier evento. Que me muero y pasas del funeral, redactas un mensaje de ésos y lo pones ahí en la tumba cuando pases por casualidad. Me estaré riendo hasta la siguiente reencarnación por lo menos…
2.12.05

Por qué no me gusta Match Point
Hoy abro solemnemente la sección de cine de El ser es con mi opinión de la última de Woody Allen, un tío que me debe de imitar bastante porque la gente nos compara a menudo... De hecho, por la calle he tenido más de un problema: cuando llevo el pelo corto, me gritan cosas como "pederasta" y "sucio ateo". Me lo merezco por gafapasta (coño, si rima con pederasta...) y por Pequeño Tommy, que para eso lo de Tommy me viene de un chiste que salía en Manhattan...
Que me disperso. No me gusta Match Point por muchos motivos. Lo primero y fundamental son los personajes. Cada uno está definido en pocos rasgos, por no decir uno solo: hay una chica sexy, algo mujer fatal pero sin enjundia, otra chica dulce, una madre rica manipuladora, un padre rico manipulador, y así cada personaje, que son pocos. La pobre Johansson creo que se perjudica con este papel, bastante se había limitado ya a hacer de bombón. Yo creo que hay grandes películas con secundarios simples -no es que esté mal de por sí que un personaje sea sexy y poco más-, pero para mí no hay grandes películas con protagonistas simples. Incluso si supliera eso con una trama o unos hallazgos formales sorprendentes, que no me parece el caso aunque haya un par de giros de guión muy ingeniosos, no me parecería una gran película.
Yo voy al cine o a emocionarme o a divertirme o las dos cosas. Y ésta no me emociona porque no me importa lo que les pase a los personajes y no me divierte porque las situaciones y los diálogos por momentos me parecen hasta malos (lo del primer encuentro entre el prota y la sexy es que no tiene desperdicio: de hecho, creo que la cosa chirría cada una de las veces que se encuentran). Con deciros que hasta me pareció predecible en general (no en el desenlace, claro), cosa que nunca me ha pasado con Woody Allen a pesar de sus muchas constantes reconocibles...
El conjunto me resulta artificial, frío... creo que es a propósito para hacer algo diferente, pero me quedo con cualquier otra de las películas que he visto suyas, cualquiera. Porque a mí lo que me encanta de él es que se le vea el cartón, que ponga sus problemas, su visión particular de las relaciones, sus gustos... Creo que se ha divertido intentando que no se reconozca su estilo, y esa es otra razón por la que no me gusta Match Point: Es una película chula para después de comer, pero comparada con cualquier otra de Woody Allen... que me devuelvan Delitos y faltas o hasta Bananas (como "obra cinematográfica" será irregular, pero ese humor sólo lo puede hacer él, mientras que una peli interesante y correcta como Match Point la podía haber hecho cualquier buen director).
30.11.05
Más sobre lo del puto árbol
Es incoherente creer en verdades absolutas y defender la Democracia. Los "absolutistas" pueden ser moderados en política porque, afortunadamente, no suelen creer la mayor parte del tiempo que poseen en primera persona esa verdad objetiva; eso posibilita la convivencia con ellos... Pero un absolutista que además sea enérgico defendiendo su propia opinión corre el riesgo de caer en la tiranía, como aspirante a un poder tiránico, y también como admirador (esclavo) de un poder así, si proclama verdades parecidas a las suyas.
En la práctica, generalizando mucho, me parece coherente que el absolutista sea un romántico político más que un moderado dialogador; este absolutista ideal no querría decir sólo: "hay CIERTAS verdades que lo son aunque nadie estuviera de acuerdo", sino algo mucho más peligroso: "ESTO que YO digo es Verdad para todos aunque sea impopular". Cuando despreciamos por principio a las masas de gente que hace algo que nosotros no haríamos, como ver ciertos programas de la tele, ir a un partido de fútbol (si no nos gusta el fútbol) o copar, aprovechando que es gratis, el aforo de un concierto que sólo a unos pocos nos interesa mucho, por ejemplo, estamos dejándonos llevar por nuestra parte más absolutista. Si llevásemos esa actitud a las últimas consecuencias tendríamos que simpatizar con ciertas políticas totalitarias...
Lo que quiero decir es: ¿cómo puede un pensador valiente sentirse en posesión de una verdad objetiva y no desear inmediatamente hacerla universal por cualquier medio? Quien cree que lo que tiene en la cabeza no admite ninguna discusión, que no depende de ninguna mente humana, debería lanzarse a una orgía de violencia si es necesario y no rendirse hasta imponer su visión en el mundo entero. En estricta lógica, el auténtico religioso tendría que hacer de su vida una matanza justiciera, tendría que eliminar fríamente uno a uno a los enemigos de su doctrina.
Si hay una verdad absoluta ésta será compatible sólo con algunos comportamientos, sólo con unos estilos de vida, con ciertas opiniones y no con otras (a no ser que sea una verdad de bien poca importancia) y, en consecuencia, si la descubrimos habrá que abolir la democracia... A no ser que creamos que es correcto actuar dando la espalda a la verdad.
Es incoherente creer en verdades absolutas y defender la Democracia. Los "absolutistas" pueden ser moderados en política porque, afortunadamente, no suelen creer la mayor parte del tiempo que poseen en primera persona esa verdad objetiva; eso posibilita la convivencia con ellos... Pero un absolutista que además sea enérgico defendiendo su propia opinión corre el riesgo de caer en la tiranía, como aspirante a un poder tiránico, y también como admirador (esclavo) de un poder así, si proclama verdades parecidas a las suyas.
En la práctica, generalizando mucho, me parece coherente que el absolutista sea un romántico político más que un moderado dialogador; este absolutista ideal no querría decir sólo: "hay CIERTAS verdades que lo son aunque nadie estuviera de acuerdo", sino algo mucho más peligroso: "ESTO que YO digo es Verdad para todos aunque sea impopular". Cuando despreciamos por principio a las masas de gente que hace algo que nosotros no haríamos, como ver ciertos programas de la tele, ir a un partido de fútbol (si no nos gusta el fútbol) o copar, aprovechando que es gratis, el aforo de un concierto que sólo a unos pocos nos interesa mucho, por ejemplo, estamos dejándonos llevar por nuestra parte más absolutista. Si llevásemos esa actitud a las últimas consecuencias tendríamos que simpatizar con ciertas políticas totalitarias...
Lo que quiero decir es: ¿cómo puede un pensador valiente sentirse en posesión de una verdad objetiva y no desear inmediatamente hacerla universal por cualquier medio? Quien cree que lo que tiene en la cabeza no admite ninguna discusión, que no depende de ninguna mente humana, debería lanzarse a una orgía de violencia si es necesario y no rendirse hasta imponer su visión en el mundo entero. En estricta lógica, el auténtico religioso tendría que hacer de su vida una matanza justiciera, tendría que eliminar fríamente uno a uno a los enemigos de su doctrina.
Si hay una verdad absoluta ésta será compatible sólo con algunos comportamientos, sólo con unos estilos de vida, con ciertas opiniones y no con otras (a no ser que sea una verdad de bien poca importancia) y, en consecuencia, si la descubrimos habrá que abolir la democracia... A no ser que creamos que es correcto actuar dando la espalda a la verdad.
26.11.05
Marina
Pasaba cada día a primera hora de la mañana por aquel escaparate camino del trabajo. Era un restaurante gallego del centro que exponía en enormes peceras oscuras sus últimas adquisiciones del mar. Solía detenerse un momento a contemplar el extraño espectáculo de centollos, cangrejos o sepias, tan quietos que parecían vivir en otro mundo, muy lejos de las piedras de colores que veían sus ojos negros e inexpresivos, ausentes de su pequeña realidad material de cristal y agua. Al dejar atrás el restaurante solía imaginar, aún inmersa en la superstición de los sueños de la noche, la vida interior de aquellos misteriosos animales condenados a una muerte tan cercana y prosaica. A veces le parecía que aquel estado de inmovilidad sólo podía deberse a la consciencia, a la sabiduría del que acepta su propio destino: podían ser peces pensadores, aislados en algún ritual de meditación. Eso explicaba que no parecieran percibir a los demás en la pecera... Otras veces tenía una sensación casi opuesta: contemplaban lo que tenían frente a sí con tal intensidad, con tal arrobamiento estético, que no necesitaban explorar nada más: eran artistas perdidos en los detalles de una esquina concreta o de una planta de plástico en particular, y recogían sus impresiones emocionadas para alguna vida posterior en que pudieran plasmarlas. Y según sus preocupaciones del momento la sensación variaba: eran políticos conservadores desengañados del presente que revivían continuamente sus recuerdos; eran románticos enamorados abandonados por su amor; eran realistas hastiados de una vida sin magia...
* * *
Hacía casi dos meses que Marina estaba triste. Estaba triste cuando se levantaba de la cama –y ese era un momento tan duro que intentaba postergarlo hasta la tarde los días que no trabajaba—, estaba triste cuando cocinaba y cuando comía –así que cocinaba poco y comía mal— y estaba triste cuando se duchaba: desnuda se sentía siempre como una niña vulnerable y el agua caliente en invierno la relajaba y se mezclaba maternal y limpia con sus lágrimas calientes. Así que Marina, hasta entonces más preocupada por otras cosas, empezó a pensar en sus sentimientos. Y empezó a envidiar a los mariscos, que le resultaban ahora seres estoicos, libres de visiones de futuro, de pensamientos viciosos... de los dolores del corazón.
* * *
Aquel día era martes. Era un día gris de febrero y hacía frío. Marina pasó como todas las mañanas por el restaurante gallego. Esta vez se paró un tiempo algo mayor de lo normal y vio una gran cigala pegada al cristal más próximo de la pecera. Al principio fue como todas las demás veces; sintió que era una mera espectadora y que no podría nunca desentrañar aquel misterio, pero en lo que a ella le pareció un instante sucedió algo asombroso: supo que la cigala estaba mirándola. No sólo viéndola, sino mirándola. Fijamente, consciente de su presencia. Marina la miró a su vez, sin tiempo de sorprenderse, y quiso preguntarle con la mirada todo lo que le había rondado la cabeza sobre ellos: “¿quiénes sois?”; “¿qué sentís?”; “¿qué secretos conocéis?” Por supuesto, la cigala no respondió. Ni siquiera se comunicó con sus pequeños ojos sin fondo. Y, sin embargo, Marina comprendió. Comprendió el negro de los ojos de la cigala y el mundo fue ennegreciéndose. Comprendió el azul tibio del agua y el mundo fue acuoso. Comprendió la corta vida animal sin libertad y sin miedo y se sumergió en ella. Dejó atrás el dolor de la superficie, su nombre, su pasado de luces y sombras, y se inundó del neutro presente de penumbra de la pecera. Sucedió sin más y cuando todo hubo pasado no quedó espacio para pensar en ello porque las cigalas no piensan.
* * *
Yo soy ahora ella, soy Marina. Pensé en llamarme de otra forma pero me resulta difícil escoger otra palabra. Aún no soy muy buena con las palabras... Mi vida ahora es muy diferente, mucho más grande y más difícil. Recuerdo esa sensación de plenitud sin pensamientos y de temperatura constante, pero cada vez es más lejana. A veces, en sueños, siento aún que me ahoga el aire de este mundo seco y gigantesco... Me ha sorprendido caminar por la calle, nadar con un cuerpo humano, abrazar a otros... Pero todavía no soy una persona, no puedo sentir el hermoso sufrimiento que leí en sus ojos. ¡Estoy ansiosa de encontrar algo por lo que sentir tan intensamente...! Quiero vivir. La vida tan compleja y rica en este nuevo universo compensará el sufrimiento... supongo.
(Dedicado a Cortázar, por afectarme tanto que le plagié casi sin darme cuenta. La idea central de esto es del cuento Axolotl. Lo había leído hacía un tiempo y fue simplificándose y mezclándose en mi cabeza hasta que creí que era idea mía y decidí escribirla...)
Pasaba cada día a primera hora de la mañana por aquel escaparate camino del trabajo. Era un restaurante gallego del centro que exponía en enormes peceras oscuras sus últimas adquisiciones del mar. Solía detenerse un momento a contemplar el extraño espectáculo de centollos, cangrejos o sepias, tan quietos que parecían vivir en otro mundo, muy lejos de las piedras de colores que veían sus ojos negros e inexpresivos, ausentes de su pequeña realidad material de cristal y agua. Al dejar atrás el restaurante solía imaginar, aún inmersa en la superstición de los sueños de la noche, la vida interior de aquellos misteriosos animales condenados a una muerte tan cercana y prosaica. A veces le parecía que aquel estado de inmovilidad sólo podía deberse a la consciencia, a la sabiduría del que acepta su propio destino: podían ser peces pensadores, aislados en algún ritual de meditación. Eso explicaba que no parecieran percibir a los demás en la pecera... Otras veces tenía una sensación casi opuesta: contemplaban lo que tenían frente a sí con tal intensidad, con tal arrobamiento estético, que no necesitaban explorar nada más: eran artistas perdidos en los detalles de una esquina concreta o de una planta de plástico en particular, y recogían sus impresiones emocionadas para alguna vida posterior en que pudieran plasmarlas. Y según sus preocupaciones del momento la sensación variaba: eran políticos conservadores desengañados del presente que revivían continuamente sus recuerdos; eran románticos enamorados abandonados por su amor; eran realistas hastiados de una vida sin magia...
* * *
Hacía casi dos meses que Marina estaba triste. Estaba triste cuando se levantaba de la cama –y ese era un momento tan duro que intentaba postergarlo hasta la tarde los días que no trabajaba—, estaba triste cuando cocinaba y cuando comía –así que cocinaba poco y comía mal— y estaba triste cuando se duchaba: desnuda se sentía siempre como una niña vulnerable y el agua caliente en invierno la relajaba y se mezclaba maternal y limpia con sus lágrimas calientes. Así que Marina, hasta entonces más preocupada por otras cosas, empezó a pensar en sus sentimientos. Y empezó a envidiar a los mariscos, que le resultaban ahora seres estoicos, libres de visiones de futuro, de pensamientos viciosos... de los dolores del corazón.
* * *
Aquel día era martes. Era un día gris de febrero y hacía frío. Marina pasó como todas las mañanas por el restaurante gallego. Esta vez se paró un tiempo algo mayor de lo normal y vio una gran cigala pegada al cristal más próximo de la pecera. Al principio fue como todas las demás veces; sintió que era una mera espectadora y que no podría nunca desentrañar aquel misterio, pero en lo que a ella le pareció un instante sucedió algo asombroso: supo que la cigala estaba mirándola. No sólo viéndola, sino mirándola. Fijamente, consciente de su presencia. Marina la miró a su vez, sin tiempo de sorprenderse, y quiso preguntarle con la mirada todo lo que le había rondado la cabeza sobre ellos: “¿quiénes sois?”; “¿qué sentís?”; “¿qué secretos conocéis?” Por supuesto, la cigala no respondió. Ni siquiera se comunicó con sus pequeños ojos sin fondo. Y, sin embargo, Marina comprendió. Comprendió el negro de los ojos de la cigala y el mundo fue ennegreciéndose. Comprendió el azul tibio del agua y el mundo fue acuoso. Comprendió la corta vida animal sin libertad y sin miedo y se sumergió en ella. Dejó atrás el dolor de la superficie, su nombre, su pasado de luces y sombras, y se inundó del neutro presente de penumbra de la pecera. Sucedió sin más y cuando todo hubo pasado no quedó espacio para pensar en ello porque las cigalas no piensan.
* * *
Yo soy ahora ella, soy Marina. Pensé en llamarme de otra forma pero me resulta difícil escoger otra palabra. Aún no soy muy buena con las palabras... Mi vida ahora es muy diferente, mucho más grande y más difícil. Recuerdo esa sensación de plenitud sin pensamientos y de temperatura constante, pero cada vez es más lejana. A veces, en sueños, siento aún que me ahoga el aire de este mundo seco y gigantesco... Me ha sorprendido caminar por la calle, nadar con un cuerpo humano, abrazar a otros... Pero todavía no soy una persona, no puedo sentir el hermoso sufrimiento que leí en sus ojos. ¡Estoy ansiosa de encontrar algo por lo que sentir tan intensamente...! Quiero vivir. La vida tan compleja y rica en este nuevo universo compensará el sufrimiento... supongo.
(Dedicado a Cortázar, por afectarme tanto que le plagié casi sin darme cuenta. La idea central de esto es del cuento Axolotl. Lo había leído hacía un tiempo y fue simplificándose y mezclándose en mi cabeza hasta que creí que era idea mía y decidí escribirla...)
21.11.05
Sexus...
Por si fuera poco lo que puede exaltarme cada una de las palabras que escribiera Henry Miller sobre cualquier maldita cosa, hace quince minutos voy y me encuentro en Sexus (además de otras tres mil ideas y sensaciones que identifico conmigo o con otras tres mil cosas que me han marcado de otros libros) estas líneas:
“¡Cuánto detestamos reconocer que nada nos gustaría tanto como ser el esclavo! ¡Esclavo y amo al mismo tiempo! Pues hasta en el amor el esclavo siempre es el amo encubierto (…) Pero, si son capaces de lanzarse el uno sobre el otro al mismo tiempo y con audacia, sin ocultar nada, entregando todo, si se reconocen su interdependencia mutua, ¿es que no gozan de una gran libertad insospechada? El hombre que reconoce ante sí mismo que es un cobarde ha dado un paso hacia la superación de su miedo; pero el hombre que lo reconoce con franqueza ante todo el mundo, que te pide que lo reconozcas en él y se lo disculpes al tratar con él, va camino de convertirse en un héroe”.
Yo, en el cuarto párrafo de aquello de “CIORANIANA (I)” (lo colgué el 8 de Noviembre) también estaba hablando de amor, claro. De amor y de amistad. El tono rancio de lo mío, tan lejos de la vitalidad arrasadora de todo lo que he leído de Henry (para mí es mucho más Henry que Miller), se explica porque cuando lo escribí sentía que no tenía esa felicidad de poder entregarme. Era más un problema mío que de los demás, como siempre en la vida.
Ahora… me siento casi tan héroe como Henry Miller.
Tono de melodrama sensiblero de sobremesa: Gracias por todo, Henry, estés donde estés.
Por si fuera poco lo que puede exaltarme cada una de las palabras que escribiera Henry Miller sobre cualquier maldita cosa, hace quince minutos voy y me encuentro en Sexus (además de otras tres mil ideas y sensaciones que identifico conmigo o con otras tres mil cosas que me han marcado de otros libros) estas líneas:
“¡Cuánto detestamos reconocer que nada nos gustaría tanto como ser el esclavo! ¡Esclavo y amo al mismo tiempo! Pues hasta en el amor el esclavo siempre es el amo encubierto (…) Pero, si son capaces de lanzarse el uno sobre el otro al mismo tiempo y con audacia, sin ocultar nada, entregando todo, si se reconocen su interdependencia mutua, ¿es que no gozan de una gran libertad insospechada? El hombre que reconoce ante sí mismo que es un cobarde ha dado un paso hacia la superación de su miedo; pero el hombre que lo reconoce con franqueza ante todo el mundo, que te pide que lo reconozcas en él y se lo disculpes al tratar con él, va camino de convertirse en un héroe”.
Yo, en el cuarto párrafo de aquello de “CIORANIANA (I)” (lo colgué el 8 de Noviembre) también estaba hablando de amor, claro. De amor y de amistad. El tono rancio de lo mío, tan lejos de la vitalidad arrasadora de todo lo que he leído de Henry (para mí es mucho más Henry que Miller), se explica porque cuando lo escribí sentía que no tenía esa felicidad de poder entregarme. Era más un problema mío que de los demás, como siempre en la vida.
Ahora… me siento casi tan héroe como Henry Miller.
Tono de melodrama sensiblero de sobremesa: Gracias por todo, Henry, estés donde estés.
17.11.05
Escritura semiautomática, capítulo 2 (en el que el conde de Viñadiós descubre a su hija virgen asesinada por el mayordomo)
abre la boquita ésa catalana que tienes y prepárate a recibir con honores la lengua inoculada de pega, corta y chapa dulce, savia de un bosque perfumado de pringue magenta fastuosamente rimada con barrocos arreglos y bongoes del nepal (leña al mono y más allá), colores primarios pigmentarios buscando sólo la ilusión sensorial de una estrofa de rubén darío... interrogaciones me dicen que he de pasar a publicidad: ¿podré mantener la ambigüedad por mucho tiempo? ¿caeré a la red en cambio tras caminos encharcados de pasajes facilones literariamente inválidos, escuálidos, anhélidos, ripiando...? ¿puede alguien POR FAVOR sacarme de aquí?
sólo se escuchan acordes de plástico en el ambiente enrarecido de letras y palabras, sólo la sorpresa sorbe tu psique embadurnándolo todo de nuevo y llevándote de la mano al caos primogénito, el segundo caos lo hemos encargado para mañana pero viene con defecto de cuna. bebés, madres, mamá: otra vez tú... pequeños cabritillos, mirad mi patita blanca bajo el puente de vallecas, acabaré trabajando en un estanco si no me muero de sífilis intelectual aguda. baila la lambada y vuelve a leer la náusea con otros pies, chusma universitaria, rosa-rosae, etc.
repetición repetición. cristo de metacrilato recorre en una zancada sobre ruedas de galera la calle que baja a los andenes laterales mientras un gitano bajito más gordo que si comiera y con tres años a lo sumo recita el corán por error con el repiqueteo del gong de una maruja asomada a la ventana. andaluces... qué sabrán ellos si viven con el plato de cerámica por movimiento estético y una pared blanca por fondo folcklórico, pero ya he dicho olé. ¿y qué me decís de las fallas? estoy al parecer indignadísima.
tu risa floja espolvoreada con figuras geométricamente inestables, alcohólicamente tuyas, sinceramente, vuelvo a sentir arcadas. primero la boca y luego la cabeza, como en todo buen empate a altavoces con el mareo propio, saber es a veces el caballo de troya del aturdimiento matemático. sencillas hurdes traman argumentos de blanda pegajosidad: aún no ha pasado nada pero señores no se vayan sin aspirar mi estómago soltero y sin compromiso. bríndenme hasta el tuétano, siempre me hace suspirar en la noche sombría cuando voy por el séptimo intento de abrazar la religión y comerla lentamente en salivajos espumajeantes de burbujas sónicas.
sangrar un torrente de oxidadas problemáticas sesquipedalistas y sudar todo el prejuicioso miedo a los estallidos... disfrutar sin más ambiciones que todos los vitriólicos ladridos anteriores al homo erectus. esa inconstante búsqueda del sueño del sentido, esa rumiante apariencia porcina de proporciones cósmicas, esa sociedad espectáculo inimitablemente esbelta. soy la mc filosófica, cabrones, morded el polvo ante mi sátira surrealista y mis zapatillas converse, admirad mi break dance cuajado de instantáneas freudianas grandes y brillantes como un dildo de chocolate. el puto emporio de la super-raki tris-trash en el barrio de mi ordenata electrónico, mamad hasta reventar de la gran mc que os derretirá con su ácida eyaculación femenina y os consumirá en el vacío negro de su garganta asesina, nichos con bichos, qué fuerte la muerte... y toma y toma, osito de goma, waw!
¿por dónde íbamos?
psicodelia y yo estuvimos ayer en el centro comercial. cuando se estaba poniendo todo cada vez más feo, con rechinantes monosílabos en un loop continuo de hilo musical, conseguimos enzarzarnos el uno al otro separando nuestro espectro vespertino de las baldas geométricamente vacías. un señor vigilante de seguridad sacó un estilete y trinchó un pavo sintético ante nuestro monumental ensayo de azoramiento occidentalizado: no quería creerlo al principio pero hete aquí que era un capitalista emulando a morrisey, montado en una caballería entera, como canadiense pero en la baja escocia de los grandes charcos de arenilla. cuando yo por mi parte quiera disfrazarme lo haré mojándome la planta de los pies de una idea abstracta o dos y sobrevolando carnets del partido como paloma en celo, oteando un orizonte que echó la hache fuera some years ago. a veces reflexiono entre comillas y eso me da mucho gustito porque increpo con más densidad a las vistas que más se lo merecen tras hacer delicadamente la cuenta. joder, ¿sabes de lo que te estoy hablando? no has entendido nada, ¿verdad? puta putísima monjil, qué asco, qué asquísimo me das. ooj...
vayamos por partes. lo primero es: ¿desde cuándo está escuchando? ¿oyó usted los ramalazos de horterada anfetamínica? ¿intuyó el renovado ímpetu de mi revólver apuntando a mi propia autocabeza? de ser así he de invitarle a abandonar la operativa madura de traje de corbata en que nos encontramos actualmente: ¡¡a tomar viento, cagoendiós!! como pueden ver en este proyector de jacintos que hemos arrecolocado sin mangas en medio de la sala de guirnaldas el esquema de acciones comunes se enriquece con subconjuntos de traumática vestidura. formaremos equipos en escuadrón de tristeza, comandos con enfoques destructivos del super-yo y del mega-tú, compañías en tanques de depresión buscada en el corte de yugular acomodaticio... dominaremos así todo el sistema de cámaras de inseguridad en un circuito cerrado de no me odies por favor. una vez hecho esto recapacitaremos sobre cómo intercalar cabreos entre diferentes sistemas de estrellas llegando a un susto y echándonos atrás un par de veces sin por ello cuestionar la utilidad de las armas de nacimiento masivo.
¿alguna pregunta?
abre la boquita ésa catalana que tienes y prepárate a recibir con honores la lengua inoculada de pega, corta y chapa dulce, savia de un bosque perfumado de pringue magenta fastuosamente rimada con barrocos arreglos y bongoes del nepal (leña al mono y más allá), colores primarios pigmentarios buscando sólo la ilusión sensorial de una estrofa de rubén darío... interrogaciones me dicen que he de pasar a publicidad: ¿podré mantener la ambigüedad por mucho tiempo? ¿caeré a la red en cambio tras caminos encharcados de pasajes facilones literariamente inválidos, escuálidos, anhélidos, ripiando...? ¿puede alguien POR FAVOR sacarme de aquí?
sólo se escuchan acordes de plástico en el ambiente enrarecido de letras y palabras, sólo la sorpresa sorbe tu psique embadurnándolo todo de nuevo y llevándote de la mano al caos primogénito, el segundo caos lo hemos encargado para mañana pero viene con defecto de cuna. bebés, madres, mamá: otra vez tú... pequeños cabritillos, mirad mi patita blanca bajo el puente de vallecas, acabaré trabajando en un estanco si no me muero de sífilis intelectual aguda. baila la lambada y vuelve a leer la náusea con otros pies, chusma universitaria, rosa-rosae, etc.
repetición repetición. cristo de metacrilato recorre en una zancada sobre ruedas de galera la calle que baja a los andenes laterales mientras un gitano bajito más gordo que si comiera y con tres años a lo sumo recita el corán por error con el repiqueteo del gong de una maruja asomada a la ventana. andaluces... qué sabrán ellos si viven con el plato de cerámica por movimiento estético y una pared blanca por fondo folcklórico, pero ya he dicho olé. ¿y qué me decís de las fallas? estoy al parecer indignadísima.
tu risa floja espolvoreada con figuras geométricamente inestables, alcohólicamente tuyas, sinceramente, vuelvo a sentir arcadas. primero la boca y luego la cabeza, como en todo buen empate a altavoces con el mareo propio, saber es a veces el caballo de troya del aturdimiento matemático. sencillas hurdes traman argumentos de blanda pegajosidad: aún no ha pasado nada pero señores no se vayan sin aspirar mi estómago soltero y sin compromiso. bríndenme hasta el tuétano, siempre me hace suspirar en la noche sombría cuando voy por el séptimo intento de abrazar la religión y comerla lentamente en salivajos espumajeantes de burbujas sónicas.
sangrar un torrente de oxidadas problemáticas sesquipedalistas y sudar todo el prejuicioso miedo a los estallidos... disfrutar sin más ambiciones que todos los vitriólicos ladridos anteriores al homo erectus. esa inconstante búsqueda del sueño del sentido, esa rumiante apariencia porcina de proporciones cósmicas, esa sociedad espectáculo inimitablemente esbelta. soy la mc filosófica, cabrones, morded el polvo ante mi sátira surrealista y mis zapatillas converse, admirad mi break dance cuajado de instantáneas freudianas grandes y brillantes como un dildo de chocolate. el puto emporio de la super-raki tris-trash en el barrio de mi ordenata electrónico, mamad hasta reventar de la gran mc que os derretirá con su ácida eyaculación femenina y os consumirá en el vacío negro de su garganta asesina, nichos con bichos, qué fuerte la muerte... y toma y toma, osito de goma, waw!
¿por dónde íbamos?
psicodelia y yo estuvimos ayer en el centro comercial. cuando se estaba poniendo todo cada vez más feo, con rechinantes monosílabos en un loop continuo de hilo musical, conseguimos enzarzarnos el uno al otro separando nuestro espectro vespertino de las baldas geométricamente vacías. un señor vigilante de seguridad sacó un estilete y trinchó un pavo sintético ante nuestro monumental ensayo de azoramiento occidentalizado: no quería creerlo al principio pero hete aquí que era un capitalista emulando a morrisey, montado en una caballería entera, como canadiense pero en la baja escocia de los grandes charcos de arenilla. cuando yo por mi parte quiera disfrazarme lo haré mojándome la planta de los pies de una idea abstracta o dos y sobrevolando carnets del partido como paloma en celo, oteando un orizonte que echó la hache fuera some years ago. a veces reflexiono entre comillas y eso me da mucho gustito porque increpo con más densidad a las vistas que más se lo merecen tras hacer delicadamente la cuenta. joder, ¿sabes de lo que te estoy hablando? no has entendido nada, ¿verdad? puta putísima monjil, qué asco, qué asquísimo me das. ooj...
vayamos por partes. lo primero es: ¿desde cuándo está escuchando? ¿oyó usted los ramalazos de horterada anfetamínica? ¿intuyó el renovado ímpetu de mi revólver apuntando a mi propia autocabeza? de ser así he de invitarle a abandonar la operativa madura de traje de corbata en que nos encontramos actualmente: ¡¡a tomar viento, cagoendiós!! como pueden ver en este proyector de jacintos que hemos arrecolocado sin mangas en medio de la sala de guirnaldas el esquema de acciones comunes se enriquece con subconjuntos de traumática vestidura. formaremos equipos en escuadrón de tristeza, comandos con enfoques destructivos del super-yo y del mega-tú, compañías en tanques de depresión buscada en el corte de yugular acomodaticio... dominaremos así todo el sistema de cámaras de inseguridad en un circuito cerrado de no me odies por favor. una vez hecho esto recapacitaremos sobre cómo intercalar cabreos entre diferentes sistemas de estrellas llegando a un susto y echándonos atrás un par de veces sin por ello cuestionar la utilidad de las armas de nacimiento masivo.
¿alguna pregunta?
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